lunes, 14 de marzo de 2011

Cuarto capítulo :D

 ¡¡Hola!! ¿como han estado? Hoy nos toca subir el cuarto capítulo de Cruz de plata, no olviden dejar su opinión o lo que quieran en los comentarios :)


        No es lo que parece
D iana caminaba en el patio de la escuela que se veía más oscuro de lo normal y parecía cubierto por una misteriosa neblina de extraños colores, se quedó observándola un tiempo, su extraño brillo le parecía perturbadoramente hermoso y su tono cambiaba lentamente de azul a anaranjado, luego a verde, rojo , turquesa, amarillo, magenta… A lo lejos logró ver una figura que se acercaba hacia ella, y se aclaraba poco a poco mientras más se aproximaba a su encuentro, era Alex que la observaba desde unos pocos centímetros. 
  –¡Oh, Alex eres tú!  
  Alex sonrió como si algo le pareciera chistoso. Diana sonrió también, como si de verdad hubiera algo gracioso en la situación, los dos comenzaron a reír. Diana no sabía porque se sentía feliz, pero con tristeza y miedo, solo sabía que no podía parar. Alex al verla cambió su risa por una expresión de enojo y miedo.
  Ella se tapó la boca con una mano, lo más rápido que pudo. 
  Alex, sin dejar de mirarla asustado, simplemente se alejó, hasta perderse por completo en la extraña niebla. 
  Diana se sentó en el suelo apoyándose en una pared sintiendo que su cabeza daba vueltas sin parar.
  –¡Maldición! ¿Qué pasa?
  Alguien tendió su mano, levantó la cabeza para ver de quien se trataba, era Moni, Diana se esperanzó mucho al verla, su amiga estaba ahí para ayudarla a entender todo esto, pero había algo extraño en su sonrisa, era malvada y no tenía emoción, no era como la de Tania o la de Bel, tal vez siempre fue así, pero en esta ocasión hizo erizar su piel. 
  Diana se sacudió un poco, miró por detrás del hombro de Moni, vio a Diego con una expresión de idiota, admirando el largo cabello negro de Moni que esta vez estaba desordenado y salvaje, más atrás estaba Alex que lo seguía. Diana no pudo evitarlo y tomó la mano extendida de Moni, un frío insoportable le vino de repente, soltó a Moni y echó a correr, tenía miedo y no entendía que pasaba, se internó por completo en la neblina, el viento chocaba con su rostro y las ramas rasguñaban sus mejillas y brazos, había llegado al bosque, o al menos eso creía, porque no lograba ver mucho mas allá de un metro a su alrededor, tropezó con una planta y cayó en un montón de pasto. Vio que Sam estaba con ella, a su lado.
  –Sam, ¿Qué haces aquí? –dijo Diana con la voz entrecortada.
  Sam la miró y tocó suavemente su mejilla, no parecía asustado, pero cuando habló apenas movió los labios.
  –Diana, Alex no es lo que parece. 
  En ese minuto abrió de golpe sus ojos, eran las 6:30 y su despertador aun no había sonado.
  Diana se levantó rápidamente. Todo había sido un sueño, pero sentía como si siguiera acostada en el pasto con Sam, olía la hierba y sentía el pasto entre sus pies, pero no lo podía ver. De cualquier forma solo duro unos pocos segundos y ya había vuelto a su fría y oscura habitación, solo había sido un estúpido y ridículo sueño. 
  Diana fue a la ducha e intentó no pensar en ello, con la esperanza de que simplemente lo olvidara y se uniera al montón de sueños que jamás podría rescatar de su subconsciente, pero eso no sucedió, lo único que logró fue que las imágenes y palabras quedaran grabadas en su mente, por alguna razón ese sueño le parecía mucho más escalofriante que otras pesadillas que había tenido a lo largo de su vida.
  Recordó que el autobús, esa mañana, la recogería a las 7:20, sacó su chaqueta marrón con unos vaqueros claros y trató de secarse un poco el pelo, ni siquiera había desayunado cuando llegó el autobús, se limitó a dejar una taza limpia en el lavaplatos, sabía que su madre se daría cuenta de todas formas que no había desayunado y probablemente la reprendería, no era algo bueno para ella. Alcanzó unos pendientes con perlas y salió rápidamente.
  Se sentó junto a Moni, era prácticamente la única en el transporte escolar. 
  –Fue muy buena la película de ayer –dijo Diana con la voz un poco débil.
  –Si amé la película, deberíamos repetirlo. 
  –Sí, tal vez otro día. 
  –Diana, ¿Qué le pasa a tu voz?, está un poco extraña. 
   Ella trató de aclararse la garganta y abrir un poco mejor los ojos.
  –Solo dormí mal, esta mañana hacía mucho frío. 
  Diana sintió que no debía decirle nada de su sueño a Moni, además era cierto, el día estaba asqueroso, incluso pensaba que empezaría a llover en cualquier minuto y eso que, prácticamente aun era verano.
  –¡Es verdad! esta mañana me puse casi tres camisetas.  
  En ese momento Diana estaba muy cansada solo quería dormir unos minutos, se apoyó en el asiento y miró por la ventana, el cristal se empañaba con cada exhalación que ella daba, luego se borraba, y volvía a empañarse nuevamente.
   Ya estaban en la casa de Sam y Derek, esperando que salieran, por lo general, ellos iban en sus propios autos a la escuela, pero si usaban el autobús siempre eran los que más tardaban en salir, casi todas las veces se quedaban dormidos.  
  Sam entró en el autobús y se sentó justo delante de las amigas, luego se volteó y miró directamente a Diana.
  –¿Qué tal Diana?  
  –Oh, hola Sam –contestó distraída–. ¿Cómo estás? 
  –Mucho mejor ahora que estoy contigo –dijo él y sonrió de oreja a oreja, pero Diana solo rió un poco incomoda.
  Ya se esperaba algo así de su amigo, todos los años era lo mismo, por lo general, y no entendía por que razón, Sam comenzaba el año como si sus esperanzas con ella se hubieran renovado por completo y debía esperar unos meses antes de que este se resignara y volviera a comportarse como siempre, no sin antes pasar por una triste semana de desilusión en la que adoptaba un carácter huraño y solitario. Ella abría preferido mil veces que no fuera así, pero su experiencia le indicaba que solamente lo dejara pasar y tuviera, con algo de esfuerzo, un poco de paciencia con él.
  –¿Quieres ir conmigo a lo de Heioupi? 
  –Está bien, pero Sam… –Diana tocó su hombro y lo miró fijamente a los ojos–. Solo vamos como amigos.
    Sam la miró asintiendo algo decepcionado. 
  –Lo pasaremos bien –dijo después un momento de pensarlo, luego sacó la mano de Diana de su hombro y la sostuvo muy fuerte entre la suya.
  –Claro que sí –dijo zafando su mano de la de Sam y la colocó en su bolsillo, donde la sintió mas segura.
  –Paso por ti a las ocho, ¿Está bien? 
  –Sí, por supuesto –Diana desvió la mirada, detrás de Sam estaba entrando Alex, enseguida recordó su sueño, le vino a la mente las imágenes de Moni con Diego y Alex, pero luego recordó lo que decía Sam “Alex no es lo que parece” –¿Qué significará eso? –pensó ella y se sintió algo estúpida, su sueño no tenía que tener ningún significado, solo era un sueño ilógico, como otros tantos.
  –Diana ¿Vamos por nachos después de la tocata?               
  Ella siguió mirando a Alex, algo tenía que lo hacía tan complicado para ella. Él la vio y le sonrió sacando a relucir su perfecta sonrisa, Diana desvió su mirada y vio a Sam que tenía los ojos bien abiertos.               
– ¡Diana! ¿Quieres ir o no? 
 –¿Ah? Oh, si claro –dijo desconcertada ¿Qué era lo que estaba respondiéndole? Creyó recordar algo sobre los nachos, aunque no estaba muy segura, habría apostado que Sam la acababa de invitar, lo conocía muy bien, él adoraba los nachos y ese tipo de comidas ­–. Mm ¿Cuándo? –dijo dudando.
  –Después de la tocata –respondió riendo ante la confusión de Diana
  Ella le sonrió, había acertado con lo que pensaba.
  El autobús se detuvo ya habían llegado a la escuela y todos comenzaron a bajar. 
  Al entrar lo primero que vio, a pesar de que estaba muy lejos, parecía resaltar entre la multitud, fue a Dan especialmente feliz, y muy cerca de ella también estaba Tania, apoyada en una pared y abrigada hasta el cuello. Caminó a su encuentro como si esta ya la hubiera llamado. 
  –¿Viste a Dan?, está muy feliz –murmuró Diana –. ¿Tienes alguna idea de por que?
  Tania miró al cielo con cara de inocente, luego a Diana con una enorme sonrisa dibujada en su rostro.
  –No lo sé, tal vez porque ayer nos encontramos en el parque y… – Tania masculló un poco–. ¡Voy a salir con él este viernes para la tocata! 
  Diana abrió bien los ojos y sonrió alegrándose del logro de su amiga.
  –¡Asombroso!... hum… yo voy con Sam.
 Tania abrió también los ojos como Diana pero esta vez con un ceño de confusión.
–¿Tú y Sam? –Tania subió tanto una delgada ceja pelirroja que la oculto por completo bajo su flequillo –. ¿Por fin lo logró el eterno enamorado? 
  Diana, sin perder la calma, la miró fijamente con sus ojos que en ese momento eran de color miel. 
  –Somos amigos simplemente y lo sabes.
  –De la amistad al amor hay un solo paso –dijo ella cantando la última palabra y comenzaron a caminar, internándose en la escuela a la que aun no había llegado mucha gente y estaba bastante vacía.  
  –Sam no es exactamente mi tipo creo que… 
  Tania la interrumpió encogiéndose de hombros.
  –¿Y quién lo es?
  Diana miró el suelo un poco avergonzada con la pregunta.
   –Ya, ya, ya –dijo y sacó las manos de sus bolsillos para agitar sus brazos–.  ¿Sabes?… hum… va-vamos a ir con Sam a comer nachos después de la tocata, ¿vienes con Dan? –dijo tartamudeando un poco, pero logro lo que pretendía y distrajo a Tania de su pregunta, eso era algo simple, ella era muy distraída por lo general.
  –¿Segura?
  –Sí, a Sam no le importa –respondió, pero justo después de decirlo pensó que probablemente no estaba tan en lo cierto con esa afirmación, no importaba, después tendría tiempo para arreglarse de eso, además de seguro sería mas agradable la noche si tenían compañía. 
  Bel caminó hacia ella luciendo un extremadamente corto vestido negro con amarillo y botas cortas color chocolate. –Que gracioso –pensó Diana–. Yo congelada por el frío, con una chaqueta gruesa y camiseta manga larga y ella con un pequeño vestido y botas. 
  –Oh, aquí están.
  Tania la miró de arriba hacia abajo, con expresión de sorpresa, como si tampoco pudiera creer que solo llevara ese pequeño vestido, luego sacudió su cabeza. 
  –¿Dónde estuviste ayer?, no te vi mas después del almuerzo.   
   Bel desvió la mirada y levantó una mano para pasarla con elegancia sobre sus rizos. No parecía tener ni pisca de frio, o bien, lo disimulaba a la perfección, aunque no tenía el mismo éxito al disimular su incomodidad.
  –Fui a hablar con Diego. 
 –¿Toda la tarde? –pregunto Diana que no había pasado por alto esos detalles.
  –Sí, hablamos mucho –mintió, no le molestaba hacerlo de todas formas siempre terminaba confesando la verdad después de un tiempo.
  –Y ¿Van a ir a la tocata juntos? –soltó Diana con curiosidad, tratando de averiguar más de lo que ocultaba Bel.
  Bel las miró con ojos cansados, como si ya hubieran preguntado lo mismo cientos de veces.
  –No, pero creo que saldremos más tarde… 
  Diana se mordía la lengua y lamentó haber hecho esa pregunta, sabiendo que Diego fingía que él y Bel no salían, ni que se conocían.
  –Tania va con Dan –comentó tratando de corregir su error, ya dejaría para otro día lo de averiguar que le escondía su amiga.
  Bel la miró sonriendo como si se le hubiera olvidado lo de Diego, Diana suspiró al darse cuenta que cambiar de tema había funcionado para animarla.
  –¡Tienes que decirme cómo pasó!   
  Tania echó una mirada al cielo, Diana notó lo brillante y llenos de vida que estaban sus ojos verde musgo y la alegría que había en su sonrisa.     
  –Mmm… ahora tengo que irme pero después hablamos ¿Ok? –se despidió ella.
  –Claro.
 Tania giró quedando de frente con el gimnasio, caminó casi como si estuviera flotando, Diana la siguió tratando de “flotar” como ella también, pero el frio se lo impedía, tenía un paso corto, Tania hasta se reía.
  –Pareces un pingüino muy arreglado– bromeó. 
  Diana soltó una pequeña risa, era cierto caminaba como si fuera un pingüino y hasta llevaba un ridículo gorro naranja, demasiado fosforescente, que resaltaba en toda la escuela, tal vez por eso fue tan fácil que Dan y Alex las encontraran. 
 –¡Tani! ¿Cómo estás? –Dan tenía la misma expresión de Tania; ojos brillantes y llenos de vida.
  –¡Hola Dan! –lo saludó ella con una voz aguda. 
  –Ven, tienes que ver algo –Dan la tomó de la mano y la llevó corriendo por un pasillo de la escuela.
  Diana sonrió viendo como Tania y Dan corrían como niños en la pradera, parecían destacar entre los otros estudiantes de la escuela, como si su felicidad los hiciera resplandecer realmente y opacaran al resto.
  –¡Hola! –Diana se volteó para mirar a Alex que estaba sonriendo dejando ver, como siempre, sus dientes perfectos, haciendo que su rostro adquiriera un brillo incluso mayor al de Dan y Tani. 
  –¡Hola Alex! –“Él no es lo que parece” resonó en su cabeza.
  –Parece que se olvidaron de nosotros –bromeó el amistosamente, echando un vistazo en la dirección que sus amigos habían desaparecido hace unos momentos atrás. 
  –Sí que lo hicieron –resopló Diana sonriendo. “Eso fue un estúpido sueño, por culpa de la comida del cine… además es completamente… ridículo”, Diana frunció el ceño y meneó la cabeza tratando de concentrar sus pensamientos en Alex y en la realidad.
  –¿Te ha gustado la escuela? –preguntó por fin.  
  –Sí claro, es algo grande –Alex echó un vistazo a su entorno, Diana también lo hizo, era enorme y un potencial laberinto para los nuevos. La primera semana allí, había llegado tarde a casi todas las clases, por no poder encontrarlas a tiempo. Recordó una ocasión en la que había pasado al menos unos quince minutos deambulando y buscando de salón en salón sin encontrar el que le correspondía, hasta que se atrevió a preguntarle a la amable señora de la limpieza.
   –Yo antes vivía en una ciudad muy pequeña –continuó Alex–. No estoy acostumbrado a esto. 
  –Ya te acostumbrarás, la verdad no es tan grande como parece…  –Diana lo miró, tenía una expresión algo confundida… bueno, bastante confundida la verdad –. Si quieres te la puedo enseñar –sugirió con un hilo de voz.
  –Oh, eso sería grandioso –Alex, entusiasmado, se puso en marcha tomando la punta de los dedos de Diana para que comenzara a caminar.    
   Una chica comenzó a murmurar. Alex la vio de reojo era de cabello castaño con saltones ojos oscuros y llevaba un uniforme de porrista, luego fijó su mirada en Diana, ignorando por completo lo que los demás decían, ella, casualmente, ni siquiera lo había notado.  
  –… y ahí están los trofeos de la escuela –señaló Diana con un ademán del brazo, después de pasar junto a las grandes hileras de casilleros del primer piso.
  Alex miró una vitrina llena de trofeos; deportes, matemáticas, arte, música, deletreo, habían trofeos de todo. Claro, en una escuela tan enorme era prácticamente imposible no encontrar buenos competidores para lo que fuese. Luego vio una pequeña pancarta que promocionaba la tocata del viernes, la miró con avidez durante un momento, de verdad parecía que quería ir.
  –¿Seguro que no puedes ir? –dijo Diana colocando la mano en el hombro de él, la sintió incomoda allí, por lo que se apresuró a retirarla, pero el sentimiento no desapareció, la mano le sobraba y extendía la sensación a lo largo de su cuerpo, haciéndola sentir, de alguna manera, alguien más pequeña e insignificante de lo que en realidad era.
  –Me encantaría, pero… –Alex quitó la mirada del cartel–. No puedo.
  –¿Por qué no? –preguntó decidida a averiguar algo sobre Alex, aunque fuera algo aparentemente inútil, de alguna manera, que ni sus pensamientos más raros llegaba a entender, eso ayudaría a comprender por que le causaba tanta inseguridad. 
  –Simplemente no puedo –dijo algo triste encogiéndose de hombros.
  A Diana le pareció que su expresión ocultaba mucho más de lo que en realidad demostraba, y ese sentimiento solo agravó su curiosidad hacia él.
  –Realmente me hubiera gustado que fueras –confesó sin poder evitarlo y lo miró fijamente intentando descubrir que lo diferenciaba de los demás, pero a simple vista parecía un chico completamente normal, sin embargo había ‘’algo’’. Algo tenía y no lograba darse cuenta de que era. Todo se lo señalaba, incluso su sueño, pero ella, la muy ciega, no podía verlo.
  Alex se volteó para toparse con los ojos celestes grisáceo de Diana, la había conocido con los ojos muy claros por lo que el color siempre fue igual para él. Ella no apartó la vista, la curiosidad y ganas de comprender le ganaban ante la sensatez de ser discreta cuando alguien se daba cuenta que lo observabas tan potentemente. 
  –La próxima vez trataré de ir –prometió ignorando la no cautelosa mirada de la chica, que a cualquiera le podría parecer incomoda.    
  Diana le sonrió muy alegremente, olvidando por un momento sus cavilaciones y desvió su mirada, dándose cuenta de lo indiscreta que estaba siendo y lo fastidioso que le podía resultar a Alex. 
  –Creo que el sábado hay una fiesta de la banda, podríamos ir –sugirió con un involuntario entusiasmo mientras se balanceaba ligeramente hacia adelante y atrás y observaba la pancarta para no tener que mirar a Alex nuevamente –“Podríamos” maldición, no debo decir esas cosas –pensó ella con frustración al tiempo que su repentina alegría se esfumaba tan rápido como había aparecido y se mordía el labio disimuladamente.
  –¡Eso sería perfecto! –dijo sonriendo amablemente, al parecer sin notar el “podríamos”, ¿O si lo había notado y no le importaba?
   De todas formas Diana suspiró aliviada, no quería que él pensara que ella era una acosadora psicópata o algo así… Se interrumpió al darse cuenta que estaba actuando algo paranoica, o mas bien estúpida, probablemente Alex no estuviera prestando tanta atención a los detalles. No era algo normal en ella, preocuparse por tantas tonterías, por lo que trató de relajase y notó que su cuerpo estaba muy rígido, así que adoptó una postura mas despreocupada.
  –Bueno… sigamos con el tour –dijo tratando de bromear, algo en lo que no era muy buena, por no decir pésima, y se sorprendió bastante al notar que Alex sonreía.
  –Sí, señorita guía turística –dijo entre risas, Diana se unió a ellas sintiéndose repentinamente muy risueña, definitivamente ese día su humor no estaba definido no le sorprendería que en cualquier momento le dieran ganas de echarse a llorar o la asaltara un ataque de nervios de la nada.
  La risa de Alex era completamente encantadora, casi tanto como su sonrisa, a ella eso la hacía sentirse mucho mejor con él, como si no fuera tan diferente al resto o como si estuviera hablando con cualquiera de sus amigos.
   Se dispusieron a subir la escalera con un paso muy animado, Diana quería alcanzar a enseñarle toda la escuela, incluyendo el segundo piso, a pesar de que en este no había nada interesante y normalmente estaba casi vacío.          
  –¿Cuál es tu número? –preguntó Alex sacando un celular negro y muy grande, parecía muy antiguo.
  Diana no lo notó, su celular también era grande pero no parecía antiguo.   
  –Dame tu celular yo lo anoto –sugirió.
  Ella tomó el celular, tecleó su número rápidamente en la pantalla y lo guardó.
  –¡Listo! –exclamó devolviéndole el pesado celular a Alex–. Llámame para guardar tu número. 
  –Claro.
  En seguida sonó un tono de Heioupi.
  –Me encanta esa canción.
  –Es mi canción favorita –afirmó Diana mirando la pantalla de su celular, el hecho de que a Alex le gustara la misma música que a ella le hacía sentirse definitivamente mejor, eso no significaba que el extraño rechazo desapareciera, pero era suficiente como para que lograra reprimirlo, levantó su cabeza para observar a Alex con una sonrisa, se miraron por unos segundos sin que nada los molestara.
  –Nos vemos el viernes en la tocata Diana, tú y yo. 
  Diana meneó la cabeza, alguien interrumpió su tranquilidad y ese alguien obviamente era Sam, mordió el borde de su labio suspirando y se volteó para mirar a su inoportuno amigo.
  Tenía una petulante sonrisa de orgullo nada propia de él que no le gustó para nada. Sam movió su cabeza dirigiéndole una última mirada a Alex y luego se marchó con paso firme.
  –¿Asique vas a ir con Sam? –dijo arqueando las cejas y Diana sintió como si la estuviera acusando de algún crimen. 
  –Sí, me lo pidió hoy en el autobús –respondió con un tono que pretendía ser despreocupado, pero era tan mala disimulando como Bel, incluso peor–. ¿Por qué?­ –preguntó contraatacando.
  –Hum… solo quería saber –respondió él mirando el suelo. 
  Dan y Tania llegaron riendo y tomados de la mano.
  –Asique por fin notaron que nos olvidaron –bromeó Alex dirigiéndose a Dan.   
  –Perdón es que se nos pasó rápido el tiempo. 
  Diana vio su reloj de muñeca, faltaban diez minutos para entrar, recordó que Tania nunca desayunaba en su casa –Quizá pueda tener hambre –pensó.
  –¿No quieres comer algo Tania, antes de entrar al salón? 
  –Si estoy famélica.
  Diana rió levemente, había acertado nuevamente.     
  –¿Ustedes vienen? 
  –No, mejor no –respondieron los dos al unisonó. Alex miró a Diana con una sonrisa.
  –Nos vemos el sábado ­–le dijo justo antes de marcharse.

viernes, 11 de marzo de 2011

Tercer capítulo

  ¡Holaa!, hoy vamos a subir el tercer capítulo, ojala que les guste :) Gracias a toda la gente que ha comentado hasta ahora.


                 El parque
N i Diana ni Tania habían visto a Moni en el resto del día, pero después de clase se juntaron fuera de la escuela donde estaba repleto de chicos ansiosos por salir a la libertad luego del largo y tedioso primer día de clases. 
  –Moni ¿Que diablos te sucedió en el comedor? –preguntó Tania abriéndose paso hacia ella entre la multitud que no cesaba de dar empujones.
  –Nada, solo estaba un poco sensible, ya saben, es el primer día –dijo Moni encogiéndose de hombros y tratando de restarle importancia al asunto.
   No era solo eso, Diana estaba segura de que había algo más, a pesar de que su voz se oía completamente sincera. 
  –Te entiendo –dijo Tani, aunque en el fondo parecía pensar de igual forma que su amiga.­
  –¿Y Bel?
  –No lo sé, de seguro debe estar con Diego –respondió con disgusto disimulado pero su voz no pudo dejar de tener un tono desdén. 
  –No lo creo… 
  –Bueno no importa –dijo Moni sacudiendo la cabeza de lado a lado y movió sus manos como intentando alejar unas molestosas moscas invisibles–. ¿Quieren ir al cine? Podemos ver Avatar –sugirió con entusiasmo.
  –Me encantaría ver gente azul… pero tengo que estudiar historia –se excusó Tania.
  –Yo voy.
  –¡Nos vemos mañana!
  Luego de despedirse Tania caminó hacia el parque más cercano de la escuela, estaba empezando el otoño y las hojas anaranjadas comenzaban a caer, el cielo estaba lleno de nubes, pero el sol se veía claramente y calentaba bastante. Se arrepintió de haberse colocado sus botas de cuero con vaqueros gruesos.
  Encontró un árbol muy grande y con una sombra agradable, casi nadie de la escuela iba a ese parque, por lo que no tenía que preocuparse de encontrar a alguien por sorpresa.
  Ella se sentó debajo del árbol, haciendo a un lado su mochila verde, que estaba repleta de calcomanías, y miró el cielo mientras sentía que las últimas brisas del verano levantaban su pelirrojo cabello y rosaban sus mejillas, estaba tratando de relajarse por solo unos minutos.  Un pequeño insecto comenzó a caminar por su brazo. Tania miró su reloj y dijo: 
  –Maldición, ya pasaron veinte minutos.
  Sacó un grueso libro de terciopelo café con unas letras negras de borde dorado que resaltaba “Hechizos de control nivel 4”
  Tania ojeó el libro rápidamente hasta llegar a una página que estaba marcada, comenzó a leer en voz baja unas pocas líneas, luego levantó su mano como si fuera una ligera pluma y movió los dedos, parecía que estuviera dirigiendo una orquesta sinfónica. Las hojas se elevaron como un gran tornado alrededor de ella, se agitaban sin control, pero con cierta gracia. Cerró los ojos y comenzó a bajar lentamente sus brazos, al abrirlos de nuevo las hojas ya estaban en el suelo, tan inmóviles y comunes como hace solo dos minutos atrás.
  Ella se arrojó encima de las hojas y simplemente rió, satisfecha de si misma.  
  –Por fin lo logré –pensó Tania. Pero después de un momento vio con los ojos bien abiertos una fuente que estaba en el centro del parque, solo la miró, un poco de agua salió y se dirigió hacia ella, que puso sus manos alrededor, tenía forma de esfera y comenzó a brillar, la esfera era extremadamente pequeña, pero brillaba con una intensidad que cegaba a Tania por completo, dejó ir la esfera que se convirtió en simple agua salpicada.   
  Tomó el libro nuevamente todavía viendo molestas lucecitas.    
 –¿Por qué me pasa esto? –se dijo para sí misma con rabia mientras parpadeaba repetidamente y volvía a observar el gran  libro.
  –¿Estudiando el primer día? –escuchó Tania por detrás, cerró su libro de golpe, lo guardó en su mochila abierta con un fluido movimiento y se volteó rápidamente, era Dan, parecía un poco despeinado, tenía sus lentes mal puestos y unas pequeñas salpicaduras de barro en su mejilla.                   
  –¡Dan! ¿Qué rayos te paso? –exclamó  ella y se levantó para arreglar los torcidos lentes del chico.
  –No importa solo…cosas. 
  –¿Cosas?
  Dan la miró con una pequeña sonrisa como diciéndole que no tenía que preocuparse, Tania asintió levemente con una sonrisa falsa. El se tiró al lado de Tania como si sus piernas no pudieran aguantar su peso ni un solo instante más.
  –¿Estás bien?
  Dan suspiró mirando el cielo.
  –No es nada, solo estoy un poco cansado.
  –¿Cansado y cosas? –preguntó Tania volviendo a sentarse en el pasto y observó a Dan que simplemente se encogió de hombros. 
  –Cansado y cosas –afirmó. 
   Tania rió despacio.
  –Y… ¿Qué estudiabas? –preguntó él.
  –Un poco de historia –mintió lanzando una mirada de reojo a su mochila que descansaba inocentemente en el pasto y sintiendo desesperados deseos de cerrarla y esconderla detrás de su espalda, lo mas alejada de Dan.
  Él no lo notó, pero de todas formas pareció extrañado por el tono nerviosamente evasivo de la chica. 
  –¿Solo es el primer día y tienes que estudiar?
  –Y… ¿Caminabas solo por aquí? –dijo Tania tratando de desviar el tema e ignorando su pregunta. 
  –Estaba con Alex, pero se tuvo que ir a su casa –respondió olvidando el tema anterior.
  Tania lo observó unos segundos y paso una mano distraídamente por su despeinado cabello.
  –¿Quieres que te acompañe? –inquirió. 
  –Siempre –susurró Dan sin siquiera darse cuenta y luego pareció sorprendido de esas palabras hubieran salido de sus labios en voz alta.
  Tania lo miró con una sonrisa, pero antes de que hablara, su teléfono sonó.
  –¿Alo? –dijo Tania desviando la mirada, se levantó y comenzó a caminar zigzagueantemente alrededor del árbol bajo el cual estaban sentados.
  –¡Tania, soy yo! –la voz de Andrew resonó en su cabeza, tal como suelen hacer los ruidos molestos.
  –¿Andrew? –dijo con voz desalentada, sabía que era él, pero la pregunta surgió automáticamente de sus labios. 
  –Vamos Tani, sal conmigo. 
  –No quiero Andrew –respondió tratando de controlar el impulso de cortar el teléfono en ese preciso momento.
  Ya estaba harta de ese chico, ahora acababa de arruinar, nuevamente, su conversación con Dan.
  –Tania, no creo que encuentres algo mejor que yo –ella casi podía imaginarse el gesto de superioridad que adoptaba su rostro cuando decía esto–. y de todas formas ¿Con quién irías? ¿Con los rechazados?  
  –Basta Andrew son mis amigos y prefiero mil veces salir con ellos a salir con… espera me corrijo, prefiero sacarme una maldita muela antes de salir contigo, acéptalo, ya no me gustas y quiero que me dejes en paz.    
  Tania cerró el teléfono bruscamente y lo arrojó al césped sosteniendo su cabeza entre sus manos.
  –¿Estás bien? –pregunto Dan acercándose a ella con gesto preocupado.
  –Sí, es solo que ese tipo me tiene harta –Tania pensó por un minuto–. ¿Sabes? antes él y yo fuimos novios.
  Soltó una risa sarcástica y Dan abrió mucho sus ojos celestes.
  –¿Cuándo? 
  –Hace dos años, la verdad es que fue mi primer novio, me gustaba demasiado ni siquiera me había dado cuenta de lo idiota que era… y sigue siendo. 
  –¿Entonces que cambió?  
  Tania lo miró con una sonrisa que ocultaba tristeza.
  –Él no me quería –dijo volteándose para mirar las nubes que avanzaban perezosamente en el cielo–. En cuanto lo aceptaron en el equipo de soccer se busco otra novia y simplemente me dejó.
  –Que estúpido.
  –Ya sabes, solo aprovechó. 
  –Tania, cualquiera que haga eso, es un completo imbécil de la cabeza a los pies.
  Ella lo miró un poco sonrojada.
  –Dan ¿Y por que tú dejas que te trate de esa forma? 
  –Escucha, yo era uno de los más pequeños en el orfanato en que crecí ­­–le explicó él después de un segundo de silencio–. Siempre me decían que hacer o me molestaban, casi no tenía amigos, a excepción de Max que también era uno de los más pequeños –Dan se detuvo a pensar un poco, parecía estar recordando algunos momentos poco agradables de su pasado–. Era muy solitario, además trate de escapar diecisiete veces, así que a los tutores no les importaba en lo absoluto como estaba yo, a los catorce decidí irme, y ya que la madre de Andrew y la mía habían sido muy amigas le prometió pagarme la escuela antes de que ella muriera –dijo mirando hacia abajo y surgiéndole una sonrisa llena de pena–. ¿Sabes? yo antes amaba los superhéroes los leía todo el tiempo y pensaba que yo podría ser tan fuerte y valiente como ellos.
   Tania lo miró con una cara de preocupación, tomó su mano y lo besó en la mejilla.
  –Dan tú eres fuerte y valiente, pero ahora no es el momento de demostrarlo.
  Dan y Tania se recostaron de espalda en el césped, esta vez como si los dos estuvieran muy agotados, y suspirando miraron las nubes sin ninguna preocupación en su mente, no se dieron cuenta cuanto tiempo había pasado hasta que llegó el atardecer y el cielo comenzó a tornarse color rojizo y las nubes adoptaron la apariencia de grandes algodones de azúcar.
  –Oh, mira el atardecer, es precioso –exclamó Tania. 
  –Sí que lo es –Dan miró a Tania a través de sus gruesos anteojos–. Como tú –añadió casi sin voz.
  –¿Qué? –pregunto ella, ni siquiera estaba segura de si le había hablado.
  –Nada.
  El volvió a mirar el cielo mientras pensaba con impotencia:
   –¡Maldición! Me gusta hace tanto y todavía me siento como un tonto cerca de ella. 
  –Tania…
  –¿Qué? –preguntó ella con dulzura, mientras se sentaba y miraba a Dan con una sonrisa asomándose en sus labios.
  –M-me preguntaba si tú… si tú… quieres… ya sabes… ir… conmigo… a la t-tocata el viernes –él tenía una voz insegura y algo entrecortada, y sentía que su estomago se encogía, sus nervios lo traicionaban horrorosamente.  
  Evitó mirar a Tania a los ojos, si ella le decía que no, se sentiría el chico más asombrosamente patético que alguna vez haya pisado el planeta tierra… si es que no lo era ya, claro.
  –¡Oh! Claro, me encantaría –dijo abrazándolo, sin darle siquiera un segundo para procesar su respuesta–. Sería genial.
  Los ojos de Tania volvieron a brillar de felicidad y Dan, sorprendido, sintió que se relajaba y que el peso en su estomago se aligeraba un poco, no por completo, pero al menos le devolvió el habla.
  –Sería fantástico –dijo al oído de Tania que, por encima del su hombro vio que su teléfono celular seguía en el pasto, casi completamente oculto por las hojas, probablemente lo habría olvidado de no haberlo visto.
  Se separó un poco de Dan para tomarlo y vio que ya eran las 7:30 de la tarde. 
  –Rayos, me tengo que ir –susurró poniéndose de pie.
  –Claro, nos vemos.
  Tania le dio un fugaz beso en la mejilla de despedida y luego se fue.
  –¡Por fin me lo pidió! –canturreo ella en su mente con emoción, mientras caminaba más y más de prisa.
  –¡Voy con Tani a la tocata! –pensó él con alegría y se recostó en el césped con los brazos extendidos.


domingo, 6 de marzo de 2011

¡Personajes Cruz de plata!




Queridos Lectores: como ya saben el primer y segundo capítulo ya están en el blog  y queremos mostrarles como son los personajes que han salido hasta ahora o por lo menos  como los imaginábamos nosotras.Comenten si les gusto o si se los imaginaban de otra manera.


 


 


 
 


 


 
                                                      

Segundo Capítulo

 Esperamos que les haya gustado el primer capítulo. Aquí esta el segundo, Comenten.



       Sonrisa perfecta
C

uando terminó la clase Diana y Tania se dirigieron a la cafetería, es decir Diana seguía sin comer, pero aun así no tenía ni un poco de hambre lo que era bastante bueno porque en esa cafetería no había ninguna comida de su gusto. 
   –Luego te alcanzo, tengo que ir al baño –le dijo Diana haciéndole una seña para que se fuera. 
  –Ok –dijo con una sonrisa. 
  Diana caminó hacia el baño, en la mañana salió tan rápido que ni siquiera había alcanzado a arreglarse.  Se miró al espejo, su ligeramente ondulado pelo rubio se veía muy bien pero sus ojos estaban increíblemente claros, los ojos de Diana siempre cambiaban de color, pero ese tono solo significaba una cosa, estaba muy nerviosa, con miedo y preocupación –Tengo un mal presentimiento –pensó y miró su rostro. Su piel era extremadamente blanca y con sus ojos más claros, se veía aun más pálida. Ella era de contextura pequeña es decir baja y delgada, pero eso nunca le importó. Se arregló el cabello improvisadamente con los dedos, trató de tranquilizarse para que sus ojos se vieran de un color más normal y volvió con sus amigas al comedor, era un lugar amplio, pero siempre se veía abarrotado de estudiantes y apestaba a una desagradable mezcla de diferentes comidas.   
  Diana caminó hasta la mesa donde estaba sentada Tania, Bel y Mónica.
  –Te  estábamos  esperando,  Bel dijo que tiene  algo  que decirnos –explicó Tania.
  Diana miró a Bel que simplemente le sonrió.
  –¿Qué  cosa?  –preguntó Diana con algo de curiosidad. Maribel las miró a todas dudando por un minuto en el que nadie insistió y luego dijo:
  –Em.… estoy… con alguien –murmuró titubeante, las tres amigas la observaron abriendo mucho los ojos e inclinándose para poder oírla mejor.
  –Primer chisme de vacaciones –pensó Diana.
  –¿Con quién? –preguntó Moni con cara incomoda, acribillando a Bel con la mirada.
  –Diego White.
  –¿Cómo?, ¿Cuándo? –exclamó Tania iniciando un interrogatorio, algo en lo que era prácticamente una experta.
  –Este verano. 
  –¿Cómo? –insistió.
  –Es mi vecino –Bel sonrió un poco sonrojada, aunque no se podía saber por su gran capa de maquillaje.
  –¡Ah, maldición que asco! –pensó Diana y luego miró a Moni, se veía muy extraña sus ojos estaban caídos, pero Diana no vio tristeza sino una mirada perturbada y llena de rabia como si estuviera a punto de gritar.
  –Salí con unos chicos y él se nos unió, luego nos quedamos hablando y… nos besamos. –Bel se sonrojó aun más y ahora si se notó, por lo que trató de mirar al piso para disimularlo.
  –¿Cómo pudiste? –chilló Moni con una mirada de depredador, miró hacia el sucio techo y luego se marchó indignada.
  –¿Qué le pasa? –preguntó Bel con una cara de disgusto ante el comportamiento de su amiga.
  Diana estaba observando cómo Moni se fugaba de la conversación –¿Ella siempre fue tan baja? –se preguntó  para sí misma.
  –Creo que fue el impacto –dijo Tania encogiéndose de hombros, a veces Moni actuaba de forma que ellas no entendían, lo mejor era dejar que se le pasara y luego volvía repentinamente a la normalidad.
  –¿Por qué no te saludó Diego esta mañana cuando te vio? –preguntó Diana volviendo al tema, cuando se acordó de lo que había ocurrido hoy.
  –Diego dijo que él no era de relaciones –explicó con disimulada tristeza.
  Diana y Tania se miraron preocupadas, que no le gustaran las relaciones no era la mejor excusa.                                
  Derek y Katty llegaron abrazados en ese momento.
  –¿Qué paso?, Vi a Moni molesta ¿Es por mi culpa? –dijo Katty con una cara de niña buena, pero con una sonrisa de satisfacción que no se esforzó en disimular.
  –No sé qué le pasa –se apresuró a decir Bel, dejando en claro que no quería que otros supieran su secreto… por ahora, probablemente no pasaría mucho antes de contarles a todos, era normal en ella que le dieran raros impulsos de ‘’contar secretos’’ en los momentos menos esperados para los demás.
  Diana y Tania entendieron la indirecta.
  –¿Estaba muy molesta? –preguntó Diana. 
  –Sí –respondió Derek y luego rió–. parecía un enanito gruñón.
  Katty rió con fuerza, casi todo el comedor lo notó y Tania soltó una risa contagiosa, mientras Diana y Bel trataban de ocultar la suya.                   
  –La debería ir a buscar –dijo Bel suspirando.
  Tani le lanzó una mirada de advertencia tratando de decirle sin palabras que solo la dejara tranquilizarse, pero su amiga la ignoró y añadió:
  –Derek ¿dónde la viste? 
  –Cerca de la sala de música, te acompaño.
  –Gracias Derek, vamos. 
  Derek y Bel se marcharon en busca de Moni.
  –Escuchen, ¿Han visto al chico nuevo? – preguntó Katty apoyando sus manos sobre la mesa.
  –No –respondió Diana extrañada por la pregunta, normalmente había muchos chicos nuevos en la escuela, así es que no lo consideraba una gran novedad.
  –Yo tampoco. 
  –Estaba con Dan, pero es un poco extraño, lo vi y tuve un escalofrío. 
  –¿Es gótico o algo así? –exclamó Tania sobresaltada.
  –¡No! Nada de eso, es solo un presentimiento femenino –Katty desvió la mirada como si hubiese visto algo muy extraño–. Como sea, mejor voy por mi almuerzo.
  –¡Nos vemos en francés! –gritó Diana mientras Katty corría hacia la fila del comedor, que ya tenía varios metros de largo.
  Tania miró a Diana con una sonrisa. 
  –Hablando de Dan, este año me voy a esforzar en hablarle y que se fije en mi.
  –Pero el año pasado siempre lo saludabas.
  –Pero ahora de verdad quiero acercarme más a él –dijo Tania–. ¿Me acompañas a buscarlo?
  –Claro, debe estar en el patio.
  Tal vez el patio era enorme, pero nunca fue difícil encontrar a Dan, él siempre estaba sentado en una banca, más bien “su banca”, donde siempre estaba solo, excepto esta vez, lo acompañaba un chico que nunca antes habían visto –Seguramente es el que menciono Katty– pensó Diana.
  –¡Hola Dan! –dijo Tania con felicidad, tal vez con demasiada felicidad.
  Dan miró hacia arriba en el momento que vio a Tania, sus ojos celestes se iluminaron con una alegría tan grande, que parecía un niño en la mañana de navidad.
  –Hola Tania –su voz se escuchaba temblorosa y nerviosa. Él nunca hablaba con nadie, era natural que estuviera nervioso.
  –Hola Diana –añadió recordando que ella estaba ahí. 
  –¿Quién es tú amigo? –dijo Diana mirando el chico que tenía al lado. 
  Él estaba escuchando música. Diana lo examinó, tenía profundos ojos verde esmeralda, su piel era un poco más clara que la de Tania, tenía un pelo oscuro que hacía a Diana pensar en las noches que pasaba en Maryland con su familia, vestía vaqueros con unas zapatillas deportivas y en su musculoso torso llevaba una camisa con mucho estilo.
  –Él es Alex Mullet –respondió Dan aun mirando a Tania. 
  Alex saludó a Diana dedicándole una amable sonrisa.
  –¡Oh, por Dios! Tiene una sonrisa perfecta –pensó ella, pero también se dio cuenta de algo, Alex era diferente le daba una sensación de inseguridad y perturbaba por completo su mente, además de su aroma, tal vez Tania y Dan no lo notaban, pero ella sí, Alex tenía un olor diferente que ni siquiera Diana podía describir.
  –¿Qué tal tus vacaciones? –preguntó Dan arreglando sus lentes.
  –Bien, pero creo que me broncee demasiado –Tania le mostró su muñeca y su palma para que viera el  casi inexistente cambio de tono, pero Dan solo se limitó a decir:
   –Yo creo que estás perfecta. 
  Tania lo miró con una sonrisa. 
  –¡Hey Tani! ¿Quieres ir a la tocata de Heioupi conmigo? 
  Tania se dio vuelta encontrándose cara a cara con Andrew, uno de los chicos más populares de la escuela; musculoso, ojos verdes, cabello pelirrojo muy oscuro, nadie entendía porque no quería salir con él.
  –No puedo voy con otra persona –dijo con desagrado. 
  Andrew tomó por el hombro a Dan y lo apretó con fuerza.
  –¿No irás con este perdedor? ¿O sí? 
  –Con quien yo vaya no es asunto tuyo, ahora suelta a Dan. 
  Andrew soltó a Dan con rabia.
  –No sabes de lo que te pierdes… –murmuró mientras se marchaba furioso.
  Tania miró a Dan que se frotaba el hombro con cara de decepción.
  –Lamento que te haya tratado así –dijo ella.
  –No importa… siempre lo hace –sonrió amargamente restándole importancia –. Está bien.
  –Yo no creo que seas un perdedor.
  Dan sonrió nuevamente, ahora lleno de alegría. 
  –Gracias –dijo suavemente –. Y… ¿Con quién vas a ir a la tocata?
  –Con nadie –explicó haciendo un gesto con la mano –. Es que no quería ir con ese idiota.
  Tania sacudió la cabeza como si la idea de estar con Andrew le irritara demasiado.
  –Alex, ¿Tu vas a ir? ­­–preguntó Diana que hasta ese momento solo se había dedicado a observar disimuladamente lo que ocurría.
  Alex desvió la mirada de un árbol muy grande que estaba en el centro de la escuela para mirar a Diana.
  –No lo sé ¿Cuándo es?
  –Este viernes – respondió tratando de recordar el mail que había recibido hace un par de días.
  El rostro de Alex cambió por completo a una mueca de disgusto.
  –No, este viernes no puedo ­–dijo él enseguida desviándose para mirar a Dan que hablaba con Tani–. Tengo que ir a hablar con el señor Harrison sobre el trabajo de Lenguaje ¿Me acompañas?
  Dan asintió y ambos se levantaron.
  –Adiós Tania, adiós Diana, fue un gusto conocerlas­­­ –dijo Alex mostrando nuevamente su sonrisa perfecta.
  –Adiós Dan.
  Tania se acercó para darle un pequeño beso en la mejilla que se volvió de color rojo intenso. Él sonrió y se marchó con su amigo mientras Diana se despedía con la mano.
  Tania se volteó para ver a Diana, arqueo una de sus finas cejas mirándola como si estuviera en un interrogatorio policial.
   –Era guapo el chico nuevo ¿No?
   Era cierto, Alex era guapo, le sorprendió que su amiga se percatase, no la había visto mirar a otra persona que no fuera Dan. Pero Diana seguía pensando cómo se sintió cerca de él, tenía miedo, nunca había sentido eso antes, era como si tuviera que alejarse de él, pero no sentía la necesidad de hacerlo. 
  –Puede ser.