viernes, 8 de abril de 2011

Séptimo Capítulo

 Holaa, antes de subir cualquier cosa, queremos como siempre agradecer y mandar un saludo a toodos nuestros seguidores (tambien los de twitter) y en especial a aquellos que se animan a comentar, por que no se imaginan lo mucho que nos animan sus comentarios :)
  Bueno aqui está el capítulo, ojala les guste ^.^

 
  Todo pasa por algo
A

lex miraba a Diana fijamente.
 –¿Cómo te va? –preguntó con una hermosa sonrisa radiante, típica de él, eso hizo en parte sacar a Diana de su ensimismamiento, no recordaba haber estado manteniendo ninguna conversación con Alex.
  –¿Qué? –respondió ella confundida, algo en su cabeza no captaba la pregunta, aun seguía impactada por lo de Bel, pensó que, un día después de que lo supo, la noticia tal vez le impactaría menos, pero al contrario, la tenía casi más impresionada que cuando su amiga se lo conto, ya que ahora le parecía una realidad mucho más cercana. Además odiaba la idea de que fuera de Diego, no podía imaginar un peor padre en todo el universo.
  –¿Estás bien?
  –Oh, sí claro, perfectamente –no hizo falta mucho para que Alex notara que ella no estaba en la conversación.
  –Me divertí mucho el sábado –comentó de todas formas.
  Diana lo miró distraídamente como si todo lo que dijera fueran vagos murmullos sin sentido en su cabeza, aún así trató de entenderlos.
  –Yo igual –respondió después de demasiado tiempo.
  –¿Te pasa algo?
    No podía decirle nada de Bel, no es que no confiara en él, la verdad apartando el hecho de que lo conocía hace una semana confiaba plenamente en él, y por alguna extraña razón, incluso más que en personas que conocía desde antes. Era solo que no es un asunto de ella, pronto gran parte de la escuela lo sabría, es difícil ocultar algo así, menos cuando el secreto pertenecía a Bel, pero eso iba a ser a su tiempo.
  –Es que no dormí bien y cuando tengo sueño estoy… desatenta ¿Qué me decías?­ –inquirió mirando a Alex decidida a prestar más atención ahora, a pesar de que su subconsciente insistiera en regresar al tema anterior.
  –Que lo pase bien el sábado –respondió sin perder el tono jovial que había usado con anterioridad.
  –Si, yo también, fue asombroso,… realmente divertido –explicó ella, quería que él entendiera lo genial que lo había pasado pero las palabras y la forma de expresarlo no lograban llegar a su mente en ese momento.
  Diana observó a Moni corriendo alegremente hacia ella.
  –¡Sam me invitó al baile! –exclamó con alegría al momento en que llegó a su lado y levantó sus brazos hacia al cielo como si fuera a recibir un montón de aplausos por ello.
  Ella recordó, ya que Tania se había encargado de explicarle, la manera en que Moni había actuado cuando Bel le contó lo que ocurría, pero decidió ignorarlo a pesar de que se sentía sorprendida por lo insensible que esta estaba siendo con quien se suponía era su amiga.
  –¿Y tu que le dijiste? –preguntó Diana sintiendo que era la pregunta más estúpida del mundo y trató de sonreír, fingiendo una felicidad y emoción que no tenía realmente.
  –Por supuesto que ¡Sí!
  –Bien por ti y por Sam –le aseguró preguntándose si Moni esperaría que la abrazara o que le dijera quien sabe que cosa.
  Sin embargo a ésta parecía darle igual lo pésima que fuera la respuesta de Diana, tal vez ni siquiera lo había notado. Tomó aire para responder con la misma emoción, pero Alex la interrumpió antes de que cualquier sonido saliera entre sus finos labios.
  –Sam… ¿Ese no es el que fue a la tocata contigo?
  –Sí, así es –Diana se encogió de hombros sintiéndose completamente incómoda y mirando de reojo a Moni.
  –Debió ser una gran cita –dijo Moni riendo con socarronería, tenía un tono sarcástico y los ojos en el cielo.
  Alex le dirigió una mirada de pocos amigos, pero ella lo ignoró, ni siquiera lo había mirado.
  –Me alegro mucho –dijo Diana con voz apagada, deseando que Moni se marchara de allí lo antes posible.
  –¡Diana! Me tienes que ayudar a buscar un vestido.
  En verdad Mónica si necesitaba ayuda, el último no le quedaba muy bien y con su figura no debería ser difícil encontrar un lindo vestido para ella.
  –Luego lo arreglamos –decidió apresuradamente.
  Ella asintió y se dio media vuelta para marcharse a grandes saltos.
  –Wow ¿Miss simpatía? –comentó Alex observando como se alejaba.
  Diana no pudo evitar reírse.
  –Me encanta esa risa –le dijo Alex sin poder contenerse, pero no lo lamentó porque Diana lo observó con los ojos brillantes, ahora si prestándole verdadera atención y dejando en un lado muy apartado de su cerebro los problemas de Bel, Moni y Diego que no le pertenecían, ella tenía su propia vida, y la verdad ésta no estaba nada mal como para no darle su merecido interés.
  –¿Enserio? –preguntó algo conmovida y sorprendida a la vez.
  –Sí, es agradable.
  –Oh sí, es gracioso –balbuceó algo nerviosa–, porque la primera vez que escuche tu risa pensé que era encantadora.
  –Gracias, la ensayo todos los días.
  Diana rió nuevamente haciendo a Alex sonreír. Caminaron para sentarse juntos en los escalones de la escalera, donde comenzaron a hablar de trivialidades.
  –Ag, el jueves tengo que ir a la casa de mis tías y no las soporto –comentó Diana después de un pequeño silencio.
  –¡Ven a mi casa!, tengo películas muy buenas –propuso Alex, sonriendo de tal forma que era imposible negarse.
  –Eso sería estupendo –dijo mientras su corazón daba un vuelco.
  –¿Qué película quieres ver? –preguntó después de observar nuevamente un brillo en los verdes ojos de Diana.
  Ella se encogió de hombros, no era la película exactamente lo que la emocionaba tanto, la verdad eso poco le importaba.
  –Sorpréndeme –se limitó a decir.

  –¿Por qué te dan miedo las alturas? –susurró Tania mientras estaban sentados en la banca de Dan que en los últimos días habían compartido en casi todas las horas libres que tenían, por lo general, ahí nadie los molestaba, la gente que pasaba por su lado ni siquiera los miraba, no había nada que les importara menos, ya fuera si en ese lugar había un portal a otro mundo o un simple chico al que nadie hablaba, para ellos era solo un vacío, demasiado insignificante para merecerse dos segundos de su preciada atención.
  –No lo sé, desde que tengo ocho años me aterran –Dan la miró sonriendo–. ¿Tú no le tienes miedo a nada?
  –Claro que no.
  –¿Enserio? –dijo Dan subiendo una ceja.
  –Esto es estúpido, pero… le tengo miedo a las agujas –confesó algo avergonzada y le lanzó una mirada a Dan para ver su reacción.
  –¿Agujas? –se extrañó él.
  –Sí, las cosas punzantes –le explicó Tania haciendo una mueca de dolor y cerró los ojos fuertemente mientras se estremecía de solo pensarlo.
  –¿Es enserio? –preguntó riendo.
  –¡Me aterran!
  Ambos rieron con fuerza. Tania lo observó con una sonrisa y Dan volvió la vista al piso mientras su rostro se tornaba de un color rojizo claro, ella no dejo de sonreír y se acercó un poco a él, en un segundo la cara de Tani cambió completamente de alegría a una mueca de disgusto.
  –¿Qué pasa? –preguntó el muchacho notando la variación en el semblante de la chica.
  –Mi otro terror… –dijo molesta mirando a Andrew que caminaba hacia ella.
  Andrew se detuvo en frente de Tania y Dan, examinando a este ultimo de pies a cabeza, detrás de él estaba Freddy, haciéndole un gesto a Andrew para que se marcharan, obviamente no le hizo caso.
  –¡Hey Tania! Deberías estar con un campeón no con un perdedor.
  –Andrew, estoy con un campeón –le dijo ella con una mirada tan fría que podría haber congelado a Andrew si se lo propusiese–. Ahora vete.
  Andrew no se alejó, de hecho, en un gesto increíble,  dio un paso adelante, atravesando la línea invisible que separaba la banca de Dan de el resto del mundo, incluso la última vez que había venido a molestar a Tania había mantenido una distancia decente, como haría cualquier persona, aunque en lo posible evitaban detenerse ahí.
  Freddy soltó un débil ‘’¡Oh!’’ de asombro, como si lo que su amigo hubiera hecho fuera una gran hazaña, que demostrara valentía, o algo realmente estúpido, que nadie haría en su sano juicio.
  Tania se paró bruscamente mientras Dan la observaba impresionado. Abrió la boca para hablar, pero lo que se proponía decir nunca nadie lo llegó a escuchar, ya que en ese momento Andrew la tomó de la mano y la tiró hacia él, apretándola con fuerza entre sus brazos, la besó.  
  Tania se separó de inmediato, con un gesto de asco en su rostro, todo esto ocurrió en tan solo un instante, pero lo que pasó después fue mucho más sorprendente.
  –Andrew, ya basta –Dan se había puesto de pie, y su voz sonaba fuerte y segura, Tania nunca la había escuchado así–. Si la vuelves a tocar juro que…
  Andrew avanzó otro paso mientras hacía una mofa.
   –¿Qué, vas a pelear princesa? –se burló empleando un tono engreído e irónico.
  Dan se acercó a Andrew ignorando por completo a Freddy que lo miró con cara preocupada y moduló ‘’corre’’.
  –No te tengo miedo –aseguró con voz que lo respaldaba, ya que cargaba de coraje y decisión cada sílaba.
  –Pues deberías –susurró Andrew y luego antes de que nadie fuera capaz de hacer o decir cualquier cosa Andrew le propinó un golpe en el medio de su cara, rompiéndole la nariz.
  Éste, mientras se llevaba las manos al rostro, cayó al suelo y se golpeó la cabeza. Sus lentes volaron por los aires y fueron a aterrizar a los pies de Tania que observaba la escena con la boca entreabierta.
  –¡Dan! –gritó ella con horror, se arrodilló a su lado llorando con rabia.
  Andrew se fue corriendo rápidamente, haciendo gala de una enorme cobardía. Freddy se acercó a Tania lentamente.
   –Lo siento ­­–murmuró atropelladamente­–, Andrew no siempre es así… Creo que lo mejor sería que llamaran al hospital rápidamente porque aquí no estará bien.
  Tania asintió sollozando, pero no podía llamar con su teléfono celular, había gastado todo su dinero llamando a sus amigos para contarles las novedades entre ella y Dan. Miró a toda la gente que se había reunido alrededor de Dan, logró localizar a Katty, fue un pequeño alivio en medio de ese océano de desesperación.
  –¡Katty! –dijo llamándola con la mano, ella se acercó y se agachó para oír a su amiga– llama a la ambulancia ¡rápido!
  –Está bien –tomó su teléfono y se alejó en el mar de gente que murmuraba frenéticamente.
  Tania alargó una mano y recogió los lentes del chico, que estaban asombrosamente intactos y los guardó en su bolsillo, luego miró a Dan y le acarició su rubio cabello.
   –Estarás bien, tranquilo –murmuró, aunque su voz sonaba como si no se creyese a si misma ni en lo más mínimo.
  Freddy le sonrió a Tania tratando de tranquilizarla.
 
  –¡Diana! –Katty corría alterada hacia ella y agitaba los brazos rápidamente.
  Ella se sobresaltó y se levantó de un salto de su asiento, donde hace poco había estado con Alex y ahora se dedicaba a pensar en ello.
  –¿Qué pasa? –preguntó mirándola y regresando su mente a la realidad que en ese momento le pareció demasiado confusa y alterada, por lo que deseó volver a su ensueño donde solo estaba ella y Alex…
  –Tenemos que ir al hospital ¡ahora! –exclamó.
  –¿Qué?
  Katty estaba desconcertada y hablaba muy rápido.
  –Dan esta en el hospital, Andrew lo golpeó.
  –¿Qué? ¿Cómo? ¿Cómo rayos voy a ir al hospital?
  –¡Yo te llevo! –dijo rápidamente –. ¡Pero vamos rápido!
 
  El hospital tenía una apariencia deprimente y fría. Alex y Tania estaban en la sala de espera compartiendo un silencio que dejaba bien en claro la frustración de ambos, lo único que acompañaba al silencio era la incesante manecilla de un reloj que colgaba en la blanca pared, aunque este solo parecía agravar la tención con su molesto ‘’tic, tac, tic, tac…’’
   Al ver entrar a Katty y a Diana, Tania corrió a abrazar a esta última.
 –Fue horrible… –murmuró, pero la voz se le quebró, se percibía el miedo en el leve temblor que tenía.
  –¿Cómo está?
 Tania comenzó a llorar suavemente en el hombro de Diana, no parecía en condiciones de poder proporcionar ninguna respuesta, por lo que Miró a Alex, tal vez él podría aclarar su duda.
  –Aún no sabemos nada Diana, hemos estado aquí solo unos quince minutos –respondió, su expresión y su tono de voz tenían un matiz compungido.
  Diana deseó acercarse a él, pero su amiga continuaba derramando lágrimas sobre su hombro
  –Tranquilos, estará bien. Lo mas probable es que no le pase nada malo.
  Sonrió hacia Alex y dio un par de palmaditas en la espalda de Tania, tratando de calmar su llanto.
  Katty, que había observado la escena preocupada, fue a sentarse en una silla de aspecto incomodo idéntica a la que estaba Alex.
  –Deberían expulsar de la escuela a ese idiota –dijo frunciendo el ceño.
  –Estoy de acuerdo ­­–Respondió Diana observando la sala del hospital en que se encontraban, estaban casi completamente solos, a excepción de una mujer que se había volteado a observarlos con los ojos muy abiertos justo después de que Katty hablara–. ¿Quién es ella? –agregó en un susurro a Tania, que levantó su cabeza y se secó las lagrimas bajo sus ojos color musgo.
  Ella la observó, tenía el cabello largo y castaño, ojos café medio verdoso y una nariz muy refinada.
  –Es la madre de Andrew, ella le paga la escuela a Dan –respondió pestañeando repetidas veces.
  –¿Qué? ¿Por qué hace eso? –preguntó procurando no subir el volumen de su tono.
  Su amiga la observó dudando si responderle o no.
  –Dan es huérfano ­–dijo al fin­–. Su madre era muy amiga de la de Andrew.
  Diana la miró sorprendida.
  –¡¿Huérfano?!
  Katty que no había logrado descifrar los susurros de su conversación les lanzó una mirada extrañada.
  En ese momento un hombre de un escaso cabello negro entró en la sala de espera, usaba lentes y vestía una bata blanca.
  Al verlo Tania contuvo la respiración y le dirigió una mirada expectante.
  –Bueno, el paciente está bien, se rompió la nariz. No es nada grave, pero será necesario una intervención quirúrgica ¿Dónde está el tutor?
  La señora de nariz refinada se levantó en seguida.
  –Yo lo soy –dijo, su voz era solemne y tenía un aire imponente.
  –Usted acompáñeme –explicó al médico dirigiéndose a la mujer y se volteó dejando ver una creciente calva en lo alto de su cabeza, que intentaba disimular patéticamente peinando lo que le quedaba de cabello hacia un lado, se marchó seguido por la madre de Andrew.
   Se quedaron ahí esperando por bastante tiempo, todos ya estaban más tranquilos, pero de todas formas no podían, de vez en cuando, evitar sentirse asaltados por la preocupación al pensar que en ese momento estaban operando a Dan, al cabo de solo media hora, los parpados de Katty empezaron a caer y sus bostezos se hicieron tan continuos, y contagiosos, que finalmente se durmió apoyando su mejilla en la fria pared, mientras los demás seguían luchando contra el sueño y los nervios. De vez en cuando Alex le lanzaba a Diana alguna que otra mirada, ella se limitaba a sonreírle ampliamente.
  El tiempo seguía transcurriendo, habían estado así más de dos horas y cuando Diana sentía que ya no podía evitar ni un minuto más la tentación de ir hasta donde estaba ese fastidioso reloj y destruirlo de una vez, el doctor regresó, todos lo observaron de igual forma que antes.
  –Todo ha salido bien y creo que ya ha pasado tiempo suficiente para que pueda recibir visitas –dijo con calma–. Pero solo pueden ir uno a la vez y no demorar más de quince minutos
  Los miró desafiante, como si esperara que alguno fuera a protestar o a quejarse, pero como nadie dijo nada se marchó caminando por el pasillo.
  Alex miró a Tania.
  –Entra tu primero, yo voy después.
  Ella sonrió aliviada y se levantó, caminó por un corto pasillo y entró en sala a la cual había indicado el doctor.
  Dan estaba en una camilla, adormecido por la anestesia y un gran parche cubría la parte de su rostro en la que Andrew lo había golpeado.
  Tania se acercó a él y se arrodilló junto a su camilla. Comenzó a tocar suavemente las heridas con apenas la punta de sus dedos, éstas instantáneamente reaccionaban al contacto y empezaban a sanar rápidamente.
  –¿Dan, por qué hiciste esa estupidez? –Sonrió al ver su rostro algo más despejado, aunque seguía cubierto por el vendaje–. Fuiste muy valiente superhéroe
  Tomó su mano fuertemente entre la suya.
  –No lo suficiente, ni siquiera pude tocarlo –murmuró, Dan estaba apenas abriendo los ojos, Tania sacó de su bolsillo los lentes de él y se los colocó con cuidado, pero quedaron medio torcidos producto de el parche, aun así ambos sonrieron–. Tus manos están frias.
  Tania puso los ojos en blanco aliviada.
  –Claro que sí, me diste un susto de muerte.
  –Lo siento.
  Tania inclinó su cabeza y acercó sus labios a los de él, a pesar de lo pálidos que estaban, eran cálidos y delicados. Los dos comenzaron a sentir como una docena de mariposas revoloteaban frenéticamente dentro de sus estómagos y casi podían oír con toda claridad como los fuegos artificiales explotaban en el cielo. Ella se separó de Dan con los ojos llenos de alegría y apoyó su mejilla junto a la almohada de éste, mordiéndose su labio, tratando de saborear el beso solo un poco más.
  Dan observó el techo fijamente preguntándose si lo que acababa de ocurrir había sido real o mera obra de su imaginación.
  Tania no habló por un tiempo, aún trataba de grabar ese momento en su memoria lo más exactamente posible, de ese modo podría reproducirlo en su memoria cuantas veces quisiera. Suspiró antes de hablar, temía que el sonido de su voz pudiera romper la tranquilidad, pero sus palabras atravesaron en aire grácilmente.
  –¿Sabes? La madre de Andrew estaba en el hospital.
  –¿Enserio? –Dijo mirando al techo pensativo, su voz resonaba de igual forma que la de Tani–, debe querer matarme –empleó un tono preocupado, aunque no parecía sentirse así, la verdad era que poco le importaba, tal vez en otro momento de su vida habría sido un problema realmente serio, pero en ese momento no podía sentir nada mas que alegría y sorpresa.
  Tania le acarició el cabello, algo apesadumbrada, de alguna forma se sentía culpable por eso.
  –¿Qué vas a hacer con la escuela?
  –No tengo idea.
  –Pero ella no parecía enojada ­–le contó recordando a la mujer, no estaba muy segura de lo que decía, en el tiempo que salía con Andrew nunca sabía si estaba enojada o no–, más bien era como si estuviera… apenada.
  Dan lo pensó un momento, la madre de Andrew era una buena persona, mucho mejor que su hijo, pero de todas forma dudaba que se sintiera apenada por él, tal vez solo Tania la había interpretado mal su expresión. Se encogió de hombros y giró un poco la cabeza para sonreírle ampliamente a la chica, no quería que ella se viera afectada por sus problemas.
  Ella le respondió sonriendo del mismo modo y volvió a acercarse para besarlo.

  Alex y Diana giraron la cabeza al mismo tiempo, ambos algo sobresaltados, cuando la puerta de la habitación en la que estaba Dan se abrió y Tanía salió exhibiendo una sonrisa radiante, ni siquiera notó las manos unidas de Diana y Alex. Katty no reaccionó, seguía profundamente dormida.
  Tani se sentó junto a Diana, mientras Alex le dirigía una última mirada y se marchaba a la sala de Dan, ella lo observó irse y luego orientó su vista hacia su amiga.
  –¿Cómo está Dan?
  –¿Dan? –dijo sonriente–. Está perfecto.
  Diana no pudo evitar notar la euforia que su voz trataba de ocultar, sospechaba algo, o mas bien estaba casi segura, pero no sabía como plantear su pregunta.
  –Hum… –dudó estudiando a Tania con la mirada– y… ¿Qué es lo que pasó ahí dentro?
  –No entiendo de que hablas –respondió observando un desvaído florero que contenía unos igual de poco coloridos girasoles de plástico y fingiendo que éstas le interesaban mucho.
  Diana puso los ojos en blanco, eso solo era una confirmación oficial a cualquiera de sus sospechas, sin embargo le siguió el juego a su amiga.
  –Hablo ­–dijo modulando en exceso–, de la razón por la cual tus mejillas están sonrojadas, tus ojos tintineantes, tu aroma a lo que probablemente sea el perfume de Dan, y tu labial un poco corrido– finalizó señalando la comisura del labio de Tania.
  Ella se apresuró a limpiarlo, pero luego la miró con una sonrisa que decía ‘’¡Valla! Realmente me conoces’’
  –Impresionante –murmuró sorprendida ante la habilidad de su amiga.
  –Vista y olfato perfectos –mencionó tocando la punta de su nariz.
  Tania asintió y se encogió de hombros.
  –Ok, lo besé.
  Diana volvió a sonreír alegre.
  –¿Y Qué tal?
  –Fue lindo… como… –volvió a mirar el florero, ahora con aire soñador–. Como mariposas y fuegos artificiales. Perfecto ­–murmuró más para si misma y estiró sus brazos con cansancio–. Y ahora, cuéntame tu también.
  –¿De que? –se mofó Diana aunque una parte de si se sorprendió un tanto.
  Tania sonrió de una manera, probablemente, muy parecida a la que su amiga lo había hecho hace solo un minuto.
  –Del chico de cabello negro y sonrisa perfecta que acaba de entrar a ver a Dan.
  Tal vez ella no era tan detallista como Diana, y sinceramente, mucho mas distraída, pero de todas formas la conocía tan bien como Diana a ella.
  –¿Alex? –obviamente hablaba de él, pero prefería hacer el mismo papel  de Tania antes de hablar de lo que sentía.
  Tania rió, contenta de poder cambiar de papel y ser ella la interrogadora.
  Diana suspiró y decidió que era el momento apropiado para hablar.
  –Bueno… Me invitó a ver una película…
  Tania abrió mucho los ojos y se proponía hablar cuando su teléfono la interrumpió.
  Katty dio un salto, despertando ante el sonido del timbre de su amiga, miró a su alrededor desorientada por un momento y luego bostezó con cansancio.
  –Tienes que contármelo todo –exigió Tania apresuradamente mientras sacaba su teléfono.
  Ella asintió riendo por los nervios ¿Qué esperaba que le contara? Tal vez esperaba oír algo así como las meditaciones que había tenido luego de la fiesta, pero le parecían demasiado cursis para reproducirlas en voz alta.
  –¿Alo?
  –¡Hola Tani! Hey, oí lo de Dan ¿Cómo está?
  –Él está bien, ya lo atendieron –respondió con alegría y luego agregó con tono mas serio –¿Sabes algo de Andrew?
  –Hum… creo que lo van a expulsar, al parecer no era su primera pelea y… como sea solo te llamaba porque Freddy estaba preocupado, se sentía algo culpable, pero ahora está mejor –Tania sonrió y asintió como si la persona con la que hablara pudiera verla–. Bueno y yo quería saber si la hermosa Katty estaba por ahí.
  Tania no dejó de sonreír, por fin se sentía segura sin Andrew merodeando por la escuela.
  –Está bien, te la paso enseguida –levantó su celular– llamada para la hermosa Katty.
  Ella sonrió y tomó el teléfono algo sonrojada.
  Tania se volteó para seguir hablando con Diana mientras su otra amiga se alejaba para poder hablar por teléfono en paz.
  –Por favor llama a Alex, expulsaron a Andrew y necesito que Dan lo sepa.

domingo, 3 de abril de 2011

Capítulo seis :D

  ¡¡Holaaa!! Antes que nada, perdón por no haber subido el sexto capítulo antes, pero había que arreglar unos detalles.
  Aqui esta, espero que les guste (:

                              Esperando
S

u teléfono sonó por segunda vez, tuvo que correr un poco, pero logró alcanzarlo, con una mano, antes de que se cortara la llamada, al tiempo que con la otra tomaba su chaqueta y bajaba saltando las escaleras.
  –¿Hola? –dijo con voz que trataba de sonar normal, como si no hubiera estado corriendo por su casa los últimos cinco minutos, luego de despertarse más tarde de lo que debía, pero eso le resultaba difícil si tenía que seguir corriendo para poder encontrar la llaves de su casa entre todo el desorden de su hogar.
  –¿Diana? ¿Dónde rayos estas? ¿Vas a venir verdad?–la voz de Tania era molesta y no la culpaba, debía haber llegado a su casa hace mas de una hora, pero se había retrasado… un poquito, pero era domingo, y tenía derecho a descansar ese día, además de que ayer se había quedado despierta bastante tiempo luego de salir con Alex. No había podido pegar un ojo hasta las cuatro de la mañana, tenía demasiadas cosas en la cabeza y tuvo que darse un tiempo para aclararlas y pensarlas con tranquilidad, ahora estaba muerta de sueño, pero al menos le había servido bastante.
  –Estoy allá en quince minutos –aseguró decididamente mientras salía por la puerta de su casa y miraba al oscuro cielo ¡Vaya día que escogió Tani para hacer algo en su casa! Ver las nubes grisáceas solo le daban ganas de dar medía vuelta y volver a acostarse en su cama. Esa idea la hizo bostezar arruinando el efecto enérgico con el que había hablado.
  –Está bien, pero apúrate, Sam es completamente inútil encendiendo parrillas, así que si no llegas no vamos a tener que comer.
  Diana sonrió. Lo sabía, ella era la única que podía hacerlo, no era gran cosa, pero de todas formas la hacía sentirse orgullosa de si misma.
  –Llego enseguida, voy camino para allá ¡Adiós!
  Cortó su teléfono y lo guardó en su bolsillo examinando el lugar mientras pensaba:
  –Está bien… la casa de Tani está a veinte minutos por esa calle, pero si voy por el parque…
  Algo detuvo sus pensamientos y la paralizó completamente, poniendo sus ojos de un gris tan denso como el frio color que tenía el cielo de ese día.
  A una distancia relativamente corta se encontraba Diego. El mismo Diego de su escuela, el mismo Diego que en ese momento, supuestamente, estaba saliendo con Maribel. Y no se encontraba solo, se encontraba a mitad de un entusiasmado beso con una chica de cabello oscuro y ojos rasgados.
  En tan solo un segundo que duró en asimilar la imagen sus ojos adoptaron una tonalidad completamente distinta, una mas parecida al rojo que cualquier otro color. La rabia se apoderó de ella y tuvo que resistirse a la tentadora idea de ir hacia donde se encontraba Diego y gritarle en la cara lo asqueroso que era, pero trató de tranquilizar su mente y tomar una mejor solución al respecto. Sabía que una persona jamás debe tomar decisiones cuando está tan enojada.
  Corrió en la dirección que se encontraba la casa de Tania, tratando de pasar lo más lejos posible de Diego y la chica desconocida con la que seguía besándose. Lo que antes fueron veinte minutos se redujeron a muchos menos de la mitad, su pecho estaba contraído y su ceño se fruncía cada vez más de miedo y preocupación.
 
  –¡Bel! ¿Cuándo vas a salir? –exclamó Moni con voz irritada.
  Maribel estaba sentada en una esquina, cansada, frustrada y sobre todo mal. Ignoró por completos los golpes que su amiga daba a la puerta del baño, su mente estaba asolada por problemas más importantes en ese momento.
  Su frustración provenía exactamente de eso, un problema muy grave que no tenía idea como solucionar o enfrentar, y de todas formas, debía hacerlo
  –¡Maldición, maldición, maldición! –su voz se escuchó tan aguda y llena de pena que incluso a ella misma le asustó al oírla y volteó la cabeza a su alrededor para poder asegurarse de que ese sonido había salido realmente de sus labios y que no había nadie más escondido ahí sin que ella lo notara.
  Volvió a mirar el test de embarazo, como si el resultado de este hubiera cambiado milagrosamente, pero seguía mostrando positivo, al igual que antes.
  –Ok, ok –intentó tranquilizarse a sí misma ¿Pero qué sentido tenía? era algo malo por donde se le mirase–. ¿Qué rayos voy a hacer? No tengo dinero, no tengo trabajo, es de…  maldición… Diego.
  Comenzó a llorar, no sabía que pasaría de ahora en adelante ni como decírselo a su "novio". Tampoco sabía como lo iba a cuidar… no quería quedarse congelada a sus dieciséis años cuidando a un niño y sin estudios, sonaba como un pésimo plan, ella no era buena planeando nada, pero nunca imaginó que algo así fuera a pasarle.
  –¡¡Bel!!
  Moni comenzaba a irritarla y ahora que lo pensaba mejor, era una mala idea hacer esto en la casa de Tania, pero aunque lo hubiera pensado antes, no podía hacerlo en su casa, sus tíos de seguro la descubrirían y prefería mil veces que sus amigos lo supieran primero, ellos la entenderían mejor.
  Se secó la cara y trató de poner una expresión normal para cuando saliera, pero su rostro no dejaba de crisparse involuntariamente en una mueca, como si acabara de probar algo extremadamente ácido.
  Apenas abrió la puerta unos centímetros, Moni entró corriendo, solo ahí Bel se dio cuenta de la enorme mancha de salsa que tenía Mónica en su chaqueta blanca.
  Fue a la puerta donde el timbre llevaba sonando desde hace hacía rato, al parecer todos en esa casa eran unos perezosos como para abrir, probablemente si hubiera sido un día normal, ella se habría encontrado entre ellos también, tan indiferente a que debía atender la puerta como el resto.
  Afuera de la casa se encontraba Diana, con una mirada que, aunque Bel ya hubiera visto unas ocasiones antes en su vida, seguía poniéndole los pelos de punta, en especial el extraño destello rojizo que a veces despedían sus ojos. La miró con preocupación, pero antes de que preguntara que pasaba, Diana comenzó a hablar.
  –Escucha Bel –dijo con cuidado mientras se acercaba a ella– vi a Diego en el parque y… estaba… con alguien… –la voz se le fue apagando poco a poco y Bel sintió que se le revolvía el estomago sin embargo miró a Diana con decisión para que continuara, pero escuchar el resto de la historia que esta le contó no la hizo sentirse en ningún modo mejor, era como si las palabras que salían de la boca de Diana chocaran contra ella con tal potencia que llegaban a doler de verdad. Era lo último que le faltaba, intentó por todos los medios mostrarse indiferente, como si eso no le afectara en absoluto, pero ese día en específico no tenía las fuerzas para fingir y notó nuevamente que era inútil aparentar que todo estaba de maravilla cuando su vida se destruía a pedazos.
  –Todo esto no está bien –dijo Bel sin dejar que Diana terminara.
  Las lágrimas cayeron por sus mejillas y no entendió en que momento, comenzó a hablar y a contarle a Diana todo lo que sucedía, no había querido explicarle a nadie de esa forma pero no sentía que tenía ninguna otra opción, necesitaba urgentemente soltar toda esa angustia que le oprimía el pecho y descargar de una vez todas sus preocupaciones, por que guardarlas dentro de sí solo hacía que estar crecieran más y más, y claro también por el hecho de que no podía guardar ni siquiera sus propios secretos.
  Diana la escuchó y trató de permanecer con un gesto impasible, pero Bel de todas formas notó su sorpresa y un montón de otras emociones, nadie podía quedar indiferente ante una revelación así.
  Bel se sentó, agotada, bajo un árbol tratando de pasar desapercibida, pero Tania y Moni las vieron desde lejos y se acercaron para ver que era lo que ocurría. Diana reparó en que ésta se ponía muy nerviosa, y supuso que no debería querer que todos en esa casa supieran la verdad, al menos no por ahora. Le lanzó una mirada de aviso a su amiga y se marchó mientras las demás le hacían preguntas, ella se encargaría de ver si quería contarles o no a Tani y a Moni, mientras ella se encargaba de que los demás, Derek, Sam y Katty, no notaran lo que estaba ocurriendo.
  Cuando llegó al lugar donde habían instalado la parrilla vio a Sam soplando e intentando prenderla inútilmente por todos los medios posibles, y a Katty y a Derek que acababan de salir por la puerta.
  –¡Hola Sam! –trató de saludar alegremente, pero en su voz aún se notaba la preocupación y pena por su amiga.
  –Hola ¿Qué tal Diana? –dijo sin levantar la vista de la parrilla. Sam casi siempre saludaba diciendo ‘’¿Qué tal?’’ pero Diana no sabía que rayos se debía responder a esa pregunta, siempre solía ponerla incomoda, incluso cuando hablaba con su amigo, en especial ese día.
  Lo pensó un  poco y luego dijo:
  –Hum… ¿Y cómo te va con el fuego?
  –No muy bien, supongo que tu eres la única que sabe hacer estas cosas –dijo aun mirando la parilla con todo el odio que le era posible.
  Por primera vez, Diana no pudo sonreír de orgullo ante eso, su mente se había quedado en la conversación con Bel y ahora se preguntaba que como estarían reaccionando sus amigas ante lo que les hubiera confesado ésta, por que estaba claro que terminaría confesándoselos.
  Esta vez Sam si se percató que pasaba algo extraño, levantó la cabeza y vio la cara que tenía Diana, se veía extraña.
  –¿Algo anda mal?
  Ella notó que no estaba haciendo bien su trabajo, se tranquilizó y habló lo mas natural que podía.
  –Tu forma de encender la parrilla es horrible, solo eso –Sam la miró con los ojos entrecerrados y ella sonrió forzadamente– déjame a mi hacer eso.
  Diana se colocó junto a su amigo y para sorpresa de él en menos de un minuto ya había prendido el fuego
  –¿Ves? Es fácil –ahora Diana si sonrió de verdad, lo había hecho realmente rápido.
 Sam masculló algo así como ‘’hiciste trampa’’ mientras ella reía.
  ­–Oye ¿Dónde están Tania, Moni y Bel? –se extraño él haciendo que Diana se pusiera seria.
 –Hum… Creo que están dentro de la casa –mintió tratando de inventar algo para que Sam no le diera importancia– Tal vez fueron a abrigarse mas, ya sabes, el día esta horrible –ambos miraron el cielo, coincidiendo que era el peor día del año hasta el momento, el invierno parecía haberse adelantado completamente –¿Y Derek y Katty?
  –Fueron a comprar bebidas, ya deben de volver… –explicó hablando cada vez más bajo y adoptando una expresión pensativa.
  Diana se preguntó que pasaría por su mente, pero no le dio importancia, Sam siempre se perdía en sus pensamientos. Permaneció así un corto tiempo luego suspiró y miró las llamas que crepitaban en la parilla.
  –Gracias por encenderlo, aunque estoy seguro de que tienes algún truco sucio para lograrlo –bromeó Sam y se acercó a Diana para abrazarla por la cintura.
  –Claro que no, solo basta tener cerebro y paciencia –respondió ella poniendo los ojos en blanco aunque se sintió un poco incomoda por que Sam no la soltaba. Contó hasta diez en su mente y luego decidió que tenía que decirle algo, reunió las palabras tratando de que sonaran amables.
  –Sam…
  Él no la dejó terminar, suspiró y luego se alejó un par de pasos.
  –Si, si lo sé, tres metros de distancia –dijo con voz monótona.
  –Yo nunca dije eso –exclamó algo enojada, cogió un mechón de su cabello y tomó aire para hablar– Pero Sam… ¿Va a ser lo mismo todos los años? Sabes bien como termina, solo somos amigos.
  Él abrió la boca, pero la cerró sin decir nada y luego dijo con voz resignada:
  –Está bien, me parece, somos amigos.
  –¿Está bien? –se extrañó ella, estaba segura de que eso no era lo que Sam iba a decir unos momentos antes.
  –Sí, está bien ­–aseguró asintiendo con la cabeza.
  Ella lo miró con desconfianza, pensando que tal vez planeaba algo, cada año, antes de que Sam aceptara la realidad pasaba al menos una semna entera en que ni siquiera le dirijía la palabra. Pero de todas formas, no podía ser algo tan malo, a lo mejor hablaba enserio.
  Sam volvió a colocarse junto a ella, pero sin tocarla.
  –Ok, entonces dime ¿Qué es lo que pasa con Alex?
  Diana se sorprendió y tomó nuevamente el mechón de su pelo que había dejado caer sobre su hombro.
  –¿Alex?
  –Claro, somos solo amigos, puedes decirme ¿O no?
  Entendió lo que se proponía, pero no supo como él podría haberse dado cuenta de cualquier cosa que hubiera pasado entre Alex y ella, ni siquiera sabía que habían ido a la fiesta de Heioupi.
  –No pasa nada –aseguró, aunque no con tanta firmeza como habría sido ideal.
  –Dime la verdad –Sam la miró escéptico, la conocía desde hace años y no se dejaba egañar tan facilmente.
  –Es verdad, solo hemos hablado un par de veces –dijo ahora con seguridad, y no mentía de ninguna forma, era exactamente todo lo que había pasado, encontrar un ‘’vacío legal’’ siempre la ayudaba a mentir mejor.
  Sam suspiró sonoramente.
  –Bien... pero ya que no creo que quieras ¿Con quién voy a ir a la fiesta de las hojas?
  La fiesta, o mas bien baile, de las hojas, era la cosa más aburrida que podía existir, la organizaba la escuela cada año con el único motivo de celebrar… ¿Las hojas?
  Sin embargo cada año asistía con sus amigos solo para hacer algo, con ellos no lo pasaba tan mal.
  Le extraño que Sam le preguntara por eso, siempre iban en grupo y además todavía faltaba un mes entero. Tal vez fuera otra estrategia de algún plan.
  –Creo que Moni no tenía con quien ir –dijo a la primera que se le ocurrió.
  Sam pareció disgustado pero de todas formas dijo:
  –Claro, le preguntaré.
  Diana le sonrió y en ese momento llegaron Katty y Derek trayendo unas bolsas de supermercado con varias cosas dentro.


   Bel, Moni y Tania habían entrado a la casa a sugerencia de esta última para que no llamaran la atención de los demás, tal como Diana imaginó, Bel terminó contándoles lo ocurrido, tarde o temprano lo sabrían igual y ella necesitaba todo el apoyo posible en ese momento.
  Ambas reaccionaron de forma distinta, Tani estaba completamente atónita, pero definitivamente la más afectada fue Moni, pero por alguna razón la noticia la ponía más furiosa de lo que Tania y Bel la habían visto en toda su vida.
  –¡Se acabó! ¡Esta es la gota que derramó el vaso! –chilló para sorpresa de sus amigas apenas Bel terminó su relato–. Ya no te reconozco, Me da pena mirarte.
  En un sentido era verdad lo mucho que impresionaba como había cambiado Maribel en tan poco tiempo, hasta casi convertirse en una persona completamente opuesta a la que era hace mas o menos un año, pero de todas formas el comportamiento de Moni era más agresivo de lo que requería la situación.
  Bel la observó con los ojos muy abiertos, como si Moni le hubiera pegado una cachetada, ésta tomó su chaqueta algo húmeda que había dejado en la ventana, con la esperanza de que se secara un poco ante el inexistente sol, y caminó hacia la puerta dando zancadas.
  Tania la alcanzó y le tomó el brazo.
  –Espera, espera, espera –puso su mirada directa en los ojos negros de Mónica– ¿Qué diablos estás haciendo?
  –¿No lo ves? –dijo con tono exasperado–. Se arruinó sola, me tiene harta.
  –Moni, somos sus amigas, no la vamos a juzgar. Necesita nuestro apoyo ahora –echó un vistazo hacia Bel intentando sonreírle–. Por favor, ya tiene suficiente con eso.
  –No me importa –murmuró Moni con voz temblorosa, como si fuera ella la que estuviera a punto de echarse a llorar.
  Luego se fue dando un portazo. Unas gotas comenzaron a del cielo y escucharon como golpeaban contra el techo, al mismo tiempo que las lágrimas volvían a caer de los ojos de Bel. Ya no podía hacer nada.

domingo, 20 de marzo de 2011

Capítulo Cinco :)

  ¡¡¡Holaa!!! hoy les traigo el quinto capítulo :D todas esperamos que les guste mucho, y no duden en comentar si quieren.
  ;)



                La tocata
D

iana estaba muy feliz, por fin era ¡vierneees!  
   Aun no le había dicho nada a Sam de que había invitado a Tania y Dan a ir con ellos a comer nachos luego de la tocata, pero lo haría… hoy.
  Miró sus ojos estaban de un azul profundo,  Diana  sabía  disimular  los colores  de sus ojos, además los controlaba muy bien, por lo general siempre estaban color miel. 
  Buscó su vestido negro corto, que era muy simple, tenía  cuello  redondo  y  pequeñas  flores  amarillas  en el borde, pero todos siempre decían que le quedaba increíble.
  El timbre de su casa sonó y Diana se colocó unos zapatos amarillos de tacón bajo.
  Bajó las escaleras, lo primero que vio fue a su madre que había abierto la puerta, se veía increíble, como todos los días, a Diana siempre le impresionaba lo hermosa que era; su pelo rubio estaba todos los días peinado perfectamente, sus ojos la tranquilizaban como nada en el mundo y sus labios rosados cada vez se veían mejor, esta no era la excepción, llevaba un vestido rojo oscuro con pequeños brillos, sin espalda, bajo su cuello se veía un pequeño “tatuaje” o mas bien una marca de nacimiento, Diana y Mike también la tenían, llevaba su pelo arreglado con un pequeño y delicado cintillo plateado, seguramente iba a salir con sus amigas a bailar, como sea se veía increíble. La primera vez que Sam la vio también quedó asombrado, pero esta vez la mirada iba exclusivamente hacia Diana, estaba anonadado por lo hermosa que se veía en ese momento.
  Diana terminó de bajar la escalera examinando a Sam de pies a cabeza, llevaba una camisa celeste con unos pantalones negros.  
  –Te ves muy bien –dijo él.
  –¡Gracias! –Diana dio una vuelta para que Sam viera todo el vestido.
  El mini Cooper de Sam estaba afuera listo para partir cuando fuera necesario.
  –¿Nos vamos?
  Diana tomó su mano y lo guió hacia afuera.
  –Claro.
  Sam abrió la puerta del copiloto. Diana entró mientras él subía por la otra puerta –Está bien, Sam también esta muy guapo esta noche –repuso ella en su mente.

  Tania observó el patio, el escenario estaba lleno de luces y había faroles de papel en muchos colores unidos por guirnaldas brillantes en todo el lugar.
  La noche era húmeda y fría, pero las estrellas estaban impresionantemente hermosas, de hecho Tania nunca había visto tantas antes.
  Cerró los ojos, el calor que hace días sentía que brillaba en su pecho la encendió por dentro, e hizo que se animara rápidamente.
  –¿No tienes frío? –preguntó Dan.
  Tania abrió los ojos lentamente, y lo miró con una sonrisa.
  –Para nada… ¿Tú?
  –Tal vez un poco.
  Dan tenía una arrugada playera y una camisa abierta. Era muy poca ropa para esa noche, a pesar de que era cálida en comparación a las de los días anteriores.
  –Obviamente tienes frío, Dan –ella se acercó unos centímetros.
  –No importa, no creo que después tenga tanto –Dan soltó un resoplido.
  Tania se apoyó en su hombro suspirando también, él la miró con sus brillantes ojos celestes un poco sonrojado, mientras ella le dedicaba una sonrisa divertida.
  Dan rió desviando la mirada.
  –Por cierto aquí esta la gaseosa que me pediste antes –le dijo él, tomando un par de botellas.
  Tania tomó uno de las que Dan tenía en la mano y la abrió haciendo girar la tapa.
  –Salud –dijo chocando su botella con la de él.
  Miró por arriba del cristal de la bebida mientras tomaba, Diana y Sam ya habían llegado.
 

  –Sam invité a Tani y a Dan a comer nachos, perdón por no decírtelo antes –susurró Diana con prisa al oído de Sam, este se alejó y la miró, su rostro adoptó una un gesto algo aprensivo.
  –Yo pensaba que íbamos a estar solos tu y yo –dijo frunciendo el entrecejo, haciendo que su frente se poblara de arrugas.
  –Lo siento, no lo sabía –mintió, sintiendo que un pequeño dejo de culpa la invadía por un instante.
  Sam se disgustó mucho, miró a Tania y a Dan por un segundo, como si debatiera internamente que pasaría si simplemente se negara a dejarlos ir con ellos, y luego  Diana, que tenía un gesto de disculpa y suplicante a la vez.
   –Esta bien, no importa –murmuró apesadumbrado.
  Diana le dio un rápido beso en la mejilla
  –Gracias –susurró mirándolo bien a los ojos, o intentándolo, por que Sam tenía su vista fija en el suelo.
  –Diana –dijo Tania, que acababa de llegar a su lado y  abrazaba a los dos, uno con cada brazo.
  Sintió el calor en los brazos de Tania aunque solo llevaba unos vaqueros oscuros y un top celeste sin espalda, no sentía ningún tipo de frío en ella.
  –¡Hola! –contestó con tono falsamente jovial tratando de disimular el enojo de Sam que seguía mirando el piso con tristeza dándole un aspecto de niño pequeño al que acaban de castigar.
  Diana le dio un pequeño codazo.
  –Hola –gruñó él de mala gana y con un matiz de reproche en la voz que solo dejaba más en evidencia su mal humor, aunque, para suerte de Diana, Tania no se dio cuenta, como mucho lo había escuchado, ya que había vuelto rápidamente su atención hacía Dan, que se limitó a sonreírles a modo de saludo.
  Derek y Katty llegaron seguidos de Moni y Bel.
  Mónica llevaba un vestido que no le favorecía en nada –demasiado largo­–. Pensó Diana observando el brillante color naranja que llevaba su amiga.
  Katty se veía increíblemente feliz junto con Derek, a ella le encantaba Heioupi como a nadie.
  –¡Por fin llegó el día! –exclamó ella poniéndose en puntitas y estirando el cuello para alcanzar los labios de Derek, Katty nunca usaba tacos, aunque siempre se arreglaba mucho y sabía perfectamente que junto a Derek se veía mucho más baja. Odiaba los tacones, esta no era la excepción, si bien llevaba un vestido gris corto que hacía lucir sus largas piernas se seguía viendo pequeña con Derek a su lado.
  Bel desvió la mirada con tristeza y movió la cabeza con desazón.
    –Creo que… ya esta empezando –murmuró con un tono que sonaba extrañamente contrariado, bueno a ella  no le gustaba mucho Heioupi, no era su estilo de música, pero poco tenía que ver esa tristeza con ello.
  Una a una las integrantes de la banda salieron al pequeño escenario. Todos se voltearon a mirar y aplaudieron con entusiasmo, incluso Sam y Diana.
    –Iré a tomar algo –anunció la muchacha.
  Estaba con una cierta tristeza mal escondida, podría ser porque Diego no estaba con ella pero… había algo mas en su mirada, algo que hacía convertir la melancolía en decepción.
  –Espera Bel… –Se topó con los almendrados ojos de su amiga con un brillo entristecedor. Diana trató de tragarse los sentimientos que le daba verla así y susurró con una voz fuerte–. ¿Qué pasa?
    Una solitaria lágrima calló por su mejilla, lágrima que Diana apenas pudo ver, ya que Bel era extremadamente preocupada de que nadie la viera desarreglada en ninguna ocasión.  
  –Diana… Tu lo sabes, quiero decir, todos lo saben a estas alturas… esto no es real, lo que tengo con Diego no es real.
  Diana comenzó a sentir las cosas que decía Bel, lo sabía desde hace tiempo y no le sorprendía mucho realmente.
  –¿Qué pasa con Diego?
  –Lo quiero, solo eso –lo pronunció con una voz que le llegó hasta la garganta de Diana.
  Comenzó a buscar algo en su ropa, Desde su floreada blusa rosa claro, hasta sus apretados pantalones negros, sacó unos cigarrillos y miró el cielo tratando de reunir fuerza. Diana la observó sorprendida, no tenía idea que su amiga fumaba, hasta donde la conocía, incluso tenía entendido de que Bel odiaba el cigarrillo.
  –¿Sabes? todos me dicen muchas cosas sobre él y nosotros, yo traté de ignorarlo, pero ya no puedo mas y es difícil porque sé que la mayoría de las cosas son... verdad.
  Diana la abrazó sintiendo que no había nada mas que pudiera hacer al respecto. Bel dio media vuelta y se marchó arrastrando los pies.
  Ella la miró unos minutos preocupada antes de que Sam la llevara hasta la primera fila para ver la banda.
  Ahí se veía mucho mejor, pero la gente no dejaba de darle codazos, aplastarla y empujarla en todas direcciones, no era porque hubieran demasiadas personas, si no porque éstas estaban completamente desesperadas por tener mejores lugares que el resto.
  Entre canción y canción Diana, sin tener la mas mínima idea del porque, comenzó a pensar, normalmente las canciones la hacía pensar mucho, pensó en Sam que era su amigo y que parecía mas decidido que nunca a tener algo más que una simple amistad con ella. También pensó en Maribel, había cambiado tanto en solo un año, de hecho solamente un verano, y su vida parecía tan complicada. Por último pensó en Alex, detuvo su mente en él, mañana lo vería en la fiesta y esa idea hacía que su estomago se encogiera, aunque de una forma no tan desagradable como era normal, asoció eso con los nervios, probablemente pensar en Alex la ponía nerviosa porque seguía viendo en él algo diferente al resto de la gente que la rodeaba. A pesar de eso la última vez que había hablado con él, ósea el día martes, ya que no lo había visto por más de dos segundos en resto de la semana, por lo menos en los últimos minutos, no había sentido ninguna clase de inseguridad o miedo, más bien habían charlado con facilidad y le había agradado bastante.
Visualizó el rostro de Alex en su mente, su insuperable sonrisa, sus ojos, su pelo, prácticamente todo, su olor, su presencia  le causaba tan extraña sensación. Mañana todo eso volvería. No pudo evitar que una sonrisa se asomara en su rostro, así fue un buen rato escuchando la música.
La tocata casi terminaba, faltaban como veinte minutos para las doce de la noche y Heioupi tocaba la última canción, lamentablemente para Diana, era un lento.
  –¿Bailamos? –dijo Sam con cierta exaltación en la voz y la tomó de su helada mano, tirándola suavemente.
  –Hum… Claro, vamos –Diana se esforzó por sonreír con amabilidad, le encantaba Heioupi, pero se sentía desanimada cuando se suponía que ese día debería estar pasándola de maravilla, tal vez fuera por lo triste que había visto a Bel, y eso la había desanimado, pero sinceramente hace días que se sentía de esa forma, extrañamente vacía, podría tener que ver con el agotador comienzo de clases, que, aunque solo llevara una semana, ya apenas le dejaba tiempo para hacer sus actividades. Si... podría ser eso, pero algo le estaba haciendo falta en estos últimos días, algo que la ponía ansiosa.
  –Que bueno que hayas venido, pero es una lástima que no podamos estar solos después –le susurró el muchacho, que parecía haber recobrado un poco la positividad, tal vez animado por las canciones de la banda.
  La tomó por la cintura delicadamente, y la atrajo hacía si para que bailaran. Diana le lanzó una mirada preocupada y nerviosa.
  –Recuerda que solo venimos como amigos –murmuró de la forma más gentil que le fue posible, no quería desanimar a Sam nuevamente, pero tampoco quería que éste se ilusionara inútilmente.
  –Si, lo tengo en mente –dijo mirando el cielo mientras un débil suspiro escapaba de sus labios–. Nunca me vas a dar una oportunidad ¿Cierto?
  –No lo creo…
  Diana desvió la vista a Tania y Dan, se veían tan bien y cómodos junto al otro, se reían, se entendían y se cuidaban, simplemente estaban felices. Deseó tanto poder estar así. Sam siempre había sido su mejor amigo y no entendía porque esa noche estaba tan extraña junto a él, en el pasado siempre se sentía cómoda a su lado pero ahora solo tenía un desesperado deseo de que la soltara de una vez –¡Ag! Es mi mejor amigo, pero tengo que terminar con esta maldita ilusión –pensó Diana volviendo a mirar a Sam. La canción terminó, ella lo abrazó con fuerza.
  –¿Amigos? –susurró muy cerca de su oreja.
  Sam la miró con una sonrisa alegre, a Diana le pareció detectar una pisca de desilusión en sus facciones.
  –Los mejores –concluyó, la examinó por un segundo con expresión confusa –. Tienes los ojos diferentes ¿No?
  –Lentes de contacto –dijo abriendo bien los ojos y luego agachó su cabeza para esconderlos, esa era siempre su excusa para cuando le preguntaban por el color de sus ojos, aunque no mucha gente lo notaba, solo personas que prestaban verdadera atención a esos detalles, como Moni.
  El concierto ya había acabado y Sam llevó a los cuatro en su auto, la comida estaba a cinco calles de allí, pero todos estaban muy cansados y no querían ni siquiera caminar.
  Lo que quedó de noche fue prácticamente terrible, Sam estaba de mal humor por que no había logrado nada de lo que le habría gustado en esa noche, y Diana también, porque su gran impaciencia, no dejaba de exigir una y otra vez que llegara el día de mañana… Tal vez Dan y Tania lo estaban pasando genial, ni siquiera notaron el comportamiento de sus amigos, pero Diana definitivamente no… solo quería ir a casa y dormir, pero aun tenía que soportar un par de horas mas de agotamiento e incesantes miradas de disgusto de Sam. La noche pasó lentamente, cada segundo valía por, como mínimo, cinco y no veía la hora de poder terminar de una vez por todas ese frustrante día.

   A la mañana siguiente despertó tarde y cansada eran casi las dos de la tarde, no soportaba el calor que entraba por la ventana, pero más que nada estaba agotada por la pésima noche que tuvo, Diana se sentó en la cama observando su habitación nunca había notado lo grande que era, tal vez por la gran cantidad de basura inservible que guardaba allí, además de toda la ropa tirada en el piso, aún así, Diana sonrió mirando las paredes de un amarillo extremadamente claro y llenas de pinturas que ella hizo cuando tenía cinco años, bueno, tal vez casi todas eran cerditos con vacas felices y flores de todos los colores, pero a ella le encantaban.
  Tenía una muralla llena de fotos en blanco y negro con sus amigos que ella misma había sacado a lo largo de los años juntos, le encantaba sacar fotografías y siempre llevaba su cámara fotográfica a todas partes, algunas fotos eran eran graciosas, otras improvisadas y otras posando, pero lo que más le gustaba a Diana era que ahí estaban todos sus amigos. Se acercó para verlas mejor, había como catorce fotos de Sam, veinte de Tania, dieciséis de Bel, ocho de Moni, dos de Dan con Tania y doce de Derek con Katty, pero se logró detener en una de Sam, tocó su rostro con la punta de sus dedos –Amigos hasta el final –se dijo a si misma sonriendo, luego miró el escritorio, había una foto de Alex con Dan, también en blanco y negro, que había sacado de pasada antes que Tania saludara a Dan con una gigante sonrisa la tomó entre sus pálidas manos y observó la mirada de Alex, era extraña ¿No?, Diana frunció el ceño y agitó su cabeza, tomó pegamento y la puso justo al lado de una en la que aparecían los gemelos, Tania, Bel, Moni, Katty y ella. Se sentó en la alfombra fucsia que estaba al centro de su cuarto, observó todo lo que había en el piso de su habitación.
  –¡Guu! Aquí estas –exclamó Diana tomando un muñeco con forma de perro siberiano que se encontraba semienterrado bajo un gran libro y un calcetín color rosa claro. Lo abrazó con fuerza y alegría, Gu era el muñeco que había tenido desde los dos años, lo adoraba por sus brillantes ojos verdes y su hermoso pelaje negro, que había logrado mantener en casi perfecto estado.
  Vio su reloj eran las 16:00 hrs. y ella seguía en su pijama de patos.
  –Ok, debería vestirme ¡Ya! –pensó tratando de relajarse, ese día en especial tenía los pelos de punta.

  –¿Y bien, me llevas?
  Mike, el hermano de Diana, la miró de arriba hacia abajo con ambas cejas levantadas, dándole una expresión bastante chistosa a su rostro.
  –¿Vas a ir así?
  Diana tenía el pelo desordenado y los pantalones de pijama aún puestos.
  –Hum… supongo que no –dijo Diana sonriendo y sacando uno de sus rubios mechones de su rostro.
  –Claro que te llevo, pero por lo menos ponte unos pantalones que no tengan un dibujo animado.
  Ella adoraba a su hermano, siempre estaba feliz y la animaba cuando lo necesitaba, además era exactamente igual a su papá a excepción de sus ojos que cambiaban de tono como los de Diana.
  –Gracias, Mike.
  Les tomó solo diez minutos llegar a la fiesta, bueno no era como si estuviera muy cerca de su casa, más bien por que Mike conducía increíblemente rápido, incluso a Diana le impresionaba que ningún policía le llamara la atención.
  –No hagas nada estúpido –Mike la miraba con una sonrisa, era su forma de decir ‘’cuídate hermanita’’. Otra cosa que le gustaba a Diana, siempre se preocupaba por ella.
  –Claro –Diana salió del auto examinando cada esquina de la casa, era gigante y lujosa, se escuchaba la música desde afuera con las ruidosas conversaciones de la gente.
  –Está bien, aquí vamos.
  Estaba aterrada, nunca iba a fiestas sin Tania, Bel, Derek, Moni, Katty o Sam, menos con un chico que conoció hace una semana y aun peor si ese chico no cesaba de darle una inquietante sensación. Sin embargo ahí estaba, muerta de nervios y rogando que Alex hubiera ido también. Se mordió el labio tocando el timbre dorado de la puerta que se abrió al cabo de un minuto.
  –¡Diana! Que bueno que viniste –Cloe, la guitarrista de la banda, estaba en el umbral de la puerta sonriéndole amigablemente con una camisa blanca y pantalones sueltos–. ¡Pasa! –Cloe se dio vuelta dejando a Diana mirando su largo cabello castaño.
  Entró a la casa revisando si Alex ya había llegado, al notar que aún no estaba se fue a sentar junto con Freddy, un chico que iba en la misma clase de francés que ella.
  –¡Hola Freddy!
  Diana sonreía ocultando su decepción. Tal vez ni siquiera iba a ir Alex y estaba ahí para quedar como la sola aburrida de la fiesta.
  –¡Hola! –Él intentó sonreír, tenía unos ojos increíblemente claros y el cabello con muchos tirabuzones anaranjados, definitivamente era un chico adorable.
  –¿Cómo van las cosas en el equipo de bolos? –preguntó en voz mas alta de lo normal para poder oírse sobre el ruido de la música.
  –Genial, el mes pasado quedamos en el segundo lugar de la competencia nacional.
  –Eso es increíble.
  Diana se llenó la boca con papitas, solo para hacer algo y comenzó a mirar el interior de la casa, ninguna señal de Alex, luego buscó con la mirada en la gran habitación y encontró lo que buscaba, un gran reloj reposaba en lo alto de un mueble, ella no había llegado muy puntual a la fiesta y ya habían pasado unos cuantos minutos, pero aun así seguía siendo temprano para hacer alguna conclusión de si Alex vendría o no.
  Miró con impotencia el reloj, como si este tuviera la culpa de sus desgracias y esperó tratando de hacer mentalmente que la manecilla fuera más despacio, pero esta parecía apurarse más y más en cada vuelta que daba.
  Al cabo de un poco más de quince minutos, quitó la vista de él con la esperanza de que si no lo miraba tan fijamente este volviera a avanzar despacio como lo había hecho ayer cuando estaba con Sam, Dan y Tania, o por lo menos con normalidad. Luego volvió la vista hacia Freddy que acababa de dejar de hablar con un par de chicos desconocidos.
  –¿Y Andrew? –preguntó para crear algún tema de conversación que la distrajera.
  Lamentablemente él era su mejor amigo, aunque fueran completamente diferentes.
  –Se fue de campamente con el equipo de soccer el fin de semana.
  –¿Campamento?
  Freddy se encogió de hombros.
  Diana miro a la puerta de entrada, ¿Por qué Alex no llegaba? Tal vez ella no tuviera ni una pisca de paciencia pero ahora de verdad estaba tardando mucho, le molestó que la dejara botada… pero de todas formas nunca habían acordado que irían ‘’juntos’’ a esa fiesta, bueno, ella había dicho ‘’podríamos ir’’, pero tal vez Alex no se había dado cuenta o no lo había tomado de ese modo, ¿Y entonces por que le había dicho que se verían en la fiesta, le había mentido?¿Descaradamente?.
  O tal vez el no lo había considerado lo suficientemente importante como para que fuera una mentira grave…
  –Está bien, este es el momento en que me arrepiento de haber venido, descubro que Alex me mintió y llamó a Mike para que me venga a buscar –pensó Diana poniendo los ojos en blanco –. Genial.
  –¡Hola Diana!
  La cálida voz de Alex resonó en su cabeza, mientras la levantaba para encontrarse con su profunda mirada y experimento como un sentimiento extraño la invadía y se extendía en un cosquilleo por todo su cuerpo.
  –¡Alex, viniste!
  –Sí, no estaba muy seguro de venir porque no conozco a casi nadie –comentó torciendo el gesto y echando una mirada a la gente que los rodeaba.
  –Bueno… yo estoy aquí.
  –¿Qué? no te escucho.
  Diana se acercó a su oreja, la música estaba muy fuerte y ella tampoco lo escuchaba bien.
  –Vamos afuera –comenzó a caminar hacia el patio mientras Alex la seguía de cerca.
  –¿Cómo les fue ayer en el concierto?
  –Bueno… yo creo que… la noche, ya sabes no fue como…
  –¿No la pasaste bien? –le interrumpió Alex alzando una ceja.
  –Ag. No mucho.
    Alex soltó una pequeña risa y Diana también, el día de ayer había acabado y solo era un mal recuerdo, le parecía vagamente lejano y ya no se sentía ni deprimida, ni molesta, ni ansiosa.
  –Y ¿Qué paso?
  –No lo sé, Sam estaba un poco irritable –Diana lo pensó un segundo mientras salía al exterior que estaba más vacio y escuchaba a Alex con claridad– Tal vez yo también –admitió recordando lo pesada que había estado.
  –Tal vez, no era la pareja ideal esa noche…
  Diana miró la luna creciente tapada por muchas nubes.
  –Tal vez debí haber ido con otra persona.
  Alex la miró con una leve sonrisa que trató de ocultar, Diana también lo hizo, en ese momento ese ‘’algo’’ tan extraño que él tenía hizo que a ella se le erizara la piel y un escalofrío la recurriera de pies a cabeza.
  –Pero, aparte de eso ¿El concierto fue bueno?
  –Oh, sí claro, el concierto estuvo increíble –Diana se detuvo a pensar y recordó la última conversación que había mantenido con Alex, el no le había explicado porque razón no había podido asistir a la tocata, su curiosidad volvió a surgir y sin pensarlo dos veces añadió soltando un puñado de preguntas: –¿Y ayer que hiciste tu?… ¿Saliste con alguien?¿Con un amigo?... ¿O alguna chica?
  –¿Qué? –Alex la miró confundido por un momento mientras Diana se volvía a morder el labio, esa ultima pregunta había salido impulsada de su boca automáticamente–. No, yo no tengo novia.
  –Vamos, ¿Cómo no vas a tener novia? –preguntó Diana, por alguna razón incrédula, aunque Alex fuera un chico atractivo y agradable, no era algo tan impresionante que estuviera soltero, pero a ella no dejaba de sorprenderla.
  –Te dije que vengo de una ciudad muy pequeña, prácticamente iba en una escuela para hombres.
  –Escuela… ¿Para… hombres? Oh, eso debe ser un desastre –murmuró ella dándose un segundo para imaginarlo.
  –Lo era… completamente.
  Diana soltó una risita cantarina regresando su vista al cielo.
  –Y… ¿Tú no eres novia de Sam?
  –Oh, no solo es mi amigo –se apresuró a responder con algo de fastidio, “Mi mejor amigo” pensó Diana.
  –Pero, tú le gustas –dijo Alex mirando el cielo también. Ella lo observó, su rostro tenía una expresión que claramente decía: “Es cierto y tú lo sabes’’.
  Diana puso sus ojos en blanco y suspiró agotada.
  –Pero a mi no me gusta y espero que algún día yo le deje de gustar también –le aclaró quedamente.
  Alex esbozó una media sonrisa encogiéndose de hombros.
   –Está bien, te creo –aseguró y movió la cabeza–. ¿Y que tal van las cosas entre Dan y Tani?
  Ella resopló su flequillo.
   –Eran los más felices de todos –contestó con buen humor por cambiar a un tema más agradable.
  –Claro, Dan me habló toda la semana antes del viernes –dijo Alex con un tono de voz exasperado que a Diana le pareció gracioso–. Toda la maldita semana.
  –Dime que Dan era más molesto que Tani, llamándome cada vez que hablaban.
  –Bueno, dejémoslo en que nuestros dos amigos fueron muy molestos esta semana y que estamos felices por ellos.
  Intercambiaron una mirada divertida y luego rieron.
  –Trato hecho.
  Diana sacudió su cabello y se sentó en una banca. Observó el patio de Cloe, era enorme, podría tener una manada de hipopótamos viviendo en paz ahí.
  Alex se sentó a su lado mirando el pálido hombro de Diana iluminado por la luna, se quedaron así un rato, sin decir nada, el silencio no le pareció molesto, era una clase de silencio agradable y cómodo del que normalmente solo puedes disfrutar con personas que conoces hace varios años.
  –¿Y que tal te ha parecido la ciudad? –preguntó ella mirando a Alex de reojo, el brillo de un farol cercano le daba un extraño tono anaranjado a su piel, sin embargo el verde esmeralda de sus ojos seguían resaltando ante el brillo plateado de la luna.
  –La verdad ya había vivido aquí antes ­–le explicó él–. Pero no es que recuerde mucho, me fui de ciudad cuando tenía unos seis años.
  Diana asintió intentando imaginar a Alex en su antigua ciudad y escuela.
  El viento frio de la noche sopló y ella recién se dio cuenta de lo helada que estaba su piel, instantáneamente, sintió frio.
  –Mejor entremos, está frio aquí.
  Alex no respondió, solo se levantó y juntos volvieron a entrar.
  En la casa, todos bailaban, la música ensordecía a Diana y toda la gente moviéndose la descontrolaba.  
  Tomó a Alex de la mano, quería llevarlo a bailar, pero él no se movía del lugar donde estaba. Se acercó a la oreja de Diana.
  –No bailo muy bien.
  –Vamos, no puede ser tan malo –dijo llevándolo de todos modos.
  Para la sorpresa de Diana, Alex sí que no bailaba bien, la verdad era horrible, pero le causaba mucha gracia ver la cara de frustración que tenía mientras bailaba.
  –¿Lo ves? No puedo ser peor en esto.
  –Yo no diría que eres un asco, bailas mejor que el viejo profesor de Educación Física –dijo observándolo con una gran sonrisa.
  Alex rió animado.
  –Por lo menos te ríes de mis chistes malos.
  –Mas bien, diría que me rió de cualquier chiste.
  –Lo suponía, yo también lo hago.
  Alex sonrió mirando su pequeña nariz. La puerta de la casa se abrió de golpe, todos se voltearon a observar, era el padre de Cloe, estaba parado en la entrada con un sombrero y chaqueta marrón, además de una expresión completamente molesta.
  Alex se acercó nuevamente a su oreja y susurró apresuradamente:
   –Creo que la fiesta ya terminó, deberíamos irnos.
  Se escabulleron por la puerta trasera junto con un reducido grupo antes de que el padre de Cloe gritara un “¡Quiero a toda esa gente fuera de mi casa!” o “¿Qué demonios hace mi casa hecha un desastre?” porque había que admitirlo, en esa casa habían tal vez noventa adolescentes pasados de adrenalina, el lugar no tardó más de veinte minutos en destruirse.
  –¿Te llevo a tu casa?
  Diana miró su reloj eran las 2:30 de la mañana.
  –Está bien.
  Comenzaron a caminar en silencio que parecía extrañamente tranquilo después de la alta música de la fiesta. El viento volvía soplar a ratos y a lo lejos se oía el sonido de los autos cada vez que pasaban, también se escuchaban los incesantes ladridos de los perros, que a veces lograban ser acallados por sus amos. Alex tomó distraídamente la mano de Diana, ella lo agradeció porque estaba entumecida por el frio, y trató de acercarse mas a él. Avanzaron de ese modo por un tiempo, disfrutando de la tranquilidad y de su mutua compañía. A Diana le pareció ver por el rabillo del ojo que Alex sonreía discretamente, no estuvo segura sin embargo ella también sonrió y miró la vidriera junto a la cual pasaban para que no se notara. Vio su reflejo en ella, o lo que parecía ser su reflejo, por que estaba completamente distorsionado y ni siquiera podía distinguir su cabeza de su cuerpo.
   –Debo estar hecha un desastre –suspiró antes de que la abstracta figura quedara detrás de ambos.
  Él la miró atentamente.
   –Estas hermosa –dijo en voz baja.
   –Claro –respondió ella con sorna–. Después de bailar dos horas con decenas de personas empujándome debo estar como una princesa.
  –Ya te lo dije, estas hermosa –dijo esta vez con voz tan cargada de seguridad que Diana realmente se sintió hermosa como nunca en su vida.
  Ella sonrió nerviosa tratando de concentrarse en el camino hacia su casa.
  –Esta bien, te creo –recordó que había dicho exactamente lo que Alex le había dicho cuando hablaban de Sam.
  Él esbozó una sonrisa triunfante, caminaron durante veinte minutos para llegar a la casa de Diana, a pesar de estar cansada ella sentía que cada uno de sus pasos era impulsado como si llevara resortes en la suela de sus zapatos. Eran casi las 3:00 de la mañana cuando llegaron, se sorprendió de lo corto que le había parecido el camino, tenía la idea de que quedaba mucho mas lejos o que tardarían al menos el doble en llegar, eso la hizo sentirse de alguna forma estafada por el camino.
  –Bueno aquí estamos –dijo Alex como quien no quiere la cosa, cuando Diana se detuvo frente a su hogar.
  Lo miró con una sonrisa y ojos brillantes.
   –Lo pase muy bien –dijo mientras retrasaba el momento de soltar su mano que parecía envolverla en un agradable calor.
  –Yo también, gracias por invitarme.
  –Gracias por venir.